canancolCuida de las cosechas. Su tamaño está relacionado con la extensión de la milpa y se le recubre con cera de nueve colmenas. Un men o hechicero le coloca los ojos, que son dos frijoles; sus dientes son maíces y sus uñas, ibes (frijoles blancos); se viste con holoch (brácteas que cubren las mazorcas). Cada vez que el brujo coloca uno de aquellos órganos al muñeco, llamará a los cuatro vientos para que protejan la milpa.

El muñeco es presentado al dios Sol y dado en ofrenda al dios de la lluvia. Se queman hierbas de olor y anís, y se mantiene el fuego sagrado por espacio de una hora. Mientras tanto, el brujo reparte entre los concurrentes balché, que es un aguardiente muy embriagante, con el fin de que los humanos no se den cuenta del momento en que bajan los dioses a la tierra.

La ceremonia debe llevarse a efecto cuando el sol está en el medio del cielo. Al llegar esta hora, el brujo hace una herida en el dedo meñique del amo de la milpa, la exprime y deja caer nueve gotas de sangre en un agujero hecho en la mano derecha del muñeco, agujero que llega hasta el codo.

El men cierra el orificio de la mano del muñeco, y con voz imperativa le dice a éste: “Hoy comienza tu vida. Este (señalando al dueño), es tu señor y amo. Obediencia, canancol, obediencia… Que los dioses te castigarán si no cumples. Esta milpa es tuya. Debes castigar al intruso y al ladrón. Aquí está tu arma”. En el acto coloca en la mano derecha del muñeco una piedra.

Durante la quema y el crecimiento de la milpa, el canancol está cubierto con guano de palmas; pero cuando el fruto comienza a despuntar, se descubre.

Cuenta la gente sencilla que el travieso o ladrón que trate de robar, recibe pedradas mortales. Por eso, en las milpas donde hay canancoles nunca roban nada.

Después de la cosecha se hace un hanincol (comida de milpa) en honor del canancol.

Terminada la ceremonia, se derrite el muñeco y la cera se utiliza para hacer velas, que se queman ya en el altar pagano, ya en el altar cristiano.

Leyenda tomada del libro El Alma de Campeche en la Leyenda Maya, de Elsie Encarnación Medina E.

Colaboración de Yurina Fernández Noa ([email protected])

 

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