Para muchos, México (y gran parte de América Latina) emana un ambiente único que sólo puede describirse como realismo mágico. En este sentido, en 2001, los responsables de la Secretaría de Turismo de México diseñaron un programa por el que un pueblo o ciudad pequeña puede recibir una designación especial como lugar “mágico”. De ahí el término de Pueblo Mágico. Se trata de lugares en todo el país que tienen ese “algo” especial, ya sea cultura, comida, ubicación física o tradiciones locales únicas que los hacen muy atractivos para los visitantes. La idea es no sólo promover estos lugares, sino mantenerlos mágicos y restaurarlos con una inyección de fondos federales, estatales y municipales.

 

El estado de Yucatán tiene muchos lugares que yo consideraría mágicos, pero sólo cuatro son reconocidos oficialmente como Pueblos Mágicos.

 

Algunas características que tienen en común son:

 

Casas y negocios recién pintados y coloridos.

Las fachadas de los edificios en el centro de cada poblado han sido totalmente restauradas y pintadas, creando un paseo fotogénico por las calles que rodean la plaza principal. ¡Siempre ten a mano tu cámara o teléfono!

 

Ausencia de cables eléctricos visibles.

Al pasear por cualquier barrio y, sobre todo, por el centro de prácticamente todas las ciudades y pueblos de México, verás en el cielo una maraña de cables eléctricos y líneas de alta tensión, mezclados con las tradicionales líneas telefónicas y de fibra óptica e incluso líneas de televisión por cable. En los Pueblos Mágicos estos cables han desaparecido; su ausencia es liberadora y hace que las fotos sean mucho mejores.

 

No hay señalizaciones chillonas.

Toda la señalización está estrictamente controlada y regulada. Nada de cartulinas rosa fluorescente con letras torcidas escritas con marcadores anunciando las ofertas. Nada de neones horribles. Incluso las omnipresentes tiendas Oxxo tienen una señalización discreta y menos intrusiva que sus homólogas urbanas no-mágicas.

 

Éstos son los cuatro Pueblos Mágicos de Yucatán junto con un poco sobre cada uno.

 

Izamal

También conocida como “La Ciudad Amarilla” (podrás notar que este color predomina en la parte central de la ciudad), es famosa por sus monumentos mayas, los galardonados restaurantes Kinich y Zamná, y la sensación general de tranquilidad y amabilidad del lugar y sus ciudadanos. El ritmo es suave, el paseo es fantástico y el hecho de que puedes hacer ejercicio aeróbico – después de un sustancioso almuerzo yucateco – subiendo a la pirámide de Kinich Kakmó es una ventaja añadida. Esta estructura, una de las cinco construcciones mayas que aún se mantienen en pie en Izamal – es la más grande y ocupa una gigantesca parte de la ciudad. Otro edificio de tamaño similar fue derribado para construir el convento, que es lo que la mayoría de los visitantes vienen a ver en Izamal. Aquí es donde, en 1993, el papa católico Juan Pablo II ofreció una disculpa a los pueblos indígenas de América por los maltratos del pasado, subrayando la preocupación de la iglesia por su bienestar durante el largo y violento periodo de colonización.

 

Izamal es una magnífica excursión de un día que puede combinarse con el sitio arqueológico de Aké, el pueblo de Kimbilá y su oferta textil, o quizás el fotogénico cementerio de Hoctún. Los tres están relativamente cerca.

 

Maní

La ciudad de Maní, que en su momento fue cómicamente traducida como “La ciudad del cacahuate” por una página web de turismo del gobierno (los maníes son cacahuates en algunos países de habla hispana), es bastante conocida por su historia trágica y por el Poc Chuc, dos conceptos no relacionados.

 

El 12 de julio de 1562, el fraile Diego de Landa se indignó al descubrir que los mayas supuestamente convertidos seguían adorando a sus dioses “paganos”. Recogió todos sus ídolos y libros hechos a mano con relatos jeroglíficos de historia, medicina y rituales, entre otros objetos, y quemó todo en una gran hoguera en el monasterio. Este evento es hoy conocido como el Auto de Fe. A Fray Diego de Landa se le recuerda para siempre por este acto y por el libro que escribió tiempo después, describiendo la vida maya de la época. Algunos dicen que lo escribió en su defensa al ser llamado a España para enfrentar un juicio por sus excesos. Otros insisten en que lo escribió como un acto de contrición. Es odiado por muchos tras perpetrar lo que probablemente sea el acto más destructivo de la historia en contra de la cultura, el folclor y la sabiduría ancestral de una importante población indígena del continente.

 

La referencia al Poc Chuc proviene de la excelente versión del plato tradicional yucateco preparado por el restaurante Príncipe Tutul Xiú en el corazón de Maní, a pocos pasos del lugar del suceso mencionado en el párrafo anterior. Hay que tener en cuenta que los Xiú eran una de las varias “tribus” o grupos de mayas que, junto con los Ah Canul, Chel y Cocom, gobernaban distintas partes de la península de  Yucatán cuando llegaron los españoles.

 

Además de ver y fotografiar el convento/iglesia semirreconstruido, que puede o no estar abierto cuando estés allí, pasear por las calles es agradable. Justo enfrente del convento, echa un vistazo a las paredes y banquetas de las casas. Verás piedras “prestadas” de un templo maya situado en ese mismo lugar. En una o dos de esas casas encontrarás a la venta artículos bordados, hechos por las señoras que viven allí. También hay un cenote en una cueva que puedes visitar. No se puede nadar, pero fue una importante fuente de agua para los habitantes en su día.

 

 

Maní, como parte de una excursión de un día, se encuentra en el corazón del “huerto del estado” y al llegar verás naranjos, árboles de mango y mucho más. Está muy cerca de la ciudad de Oxkutzcab, famosa por su mercado mayorista de frutas y verduras. Allí podrás comprar limones y aguacates por cajas a buen precio y llevártelos a Mérida para compartirlos con tus amigos y familiares. Si llegaste a Maní por la carretera Mérida-Chetumal, puedes considerar una ruta circular de vuelta a casa, pasando por la Ruta Puuc y Muna. Entre Oxkutzcab y Akil se encuentra el restaurante Codornejo, que sirve conejo y codorniz a la parrilla; se pueden acompañar con aguas frescas. Su agua de mamey que te mueres.

 

Sisal

Es el único Pueblo Mágico costero del estado y se encuentra no muy lejos de Celestún, en la costa del Golfo de México. Sisal fue el puerto original y oficial del estado (antes de Progreso) cuando Yucatán y Campeche llegaron a un acuerdo de divorcio semiamistoso.

 

La calle principal no tiene cables visibles (ver arriba) y las fachadas de las casas y los negocios están limpias y pintadas de bonitos colores a lo largo de un tramo de 2-3 manzanas de la carretera principal. Unos cuantos murales completan la escena, lo que permite tomar fotos. Supongo que fue designado como mágico por su ambiente relajado y el hecho de que muchas actividades orientadas a la naturaleza y al agua sean bastante accesibles. Desde el punto de vista histórico, es importante, pero esto no es evidente al principio; hay que indagar para conocer el impresionante pasado de Sisal. Por ejemplo, la emperatriz Carlota, esposa desatendida de Maximiliano, el emperador de México, llegó a este puerto. El comercio con Cuba también se realizaba por Sisal. ¿Qué se comerciaba? Madera, productos agrícolas y… sí, esclavos mayas. Horripilante y curiosamente esto no se menciona a menudo en los folletos.

 

Algunas personas hablan maravillas de un almuerzo de mariscos frente a la playa, que es realmente agradable, sobre todo porque la playa es una de las más bonitas de la costa, con vastas extensiones de arena blanca y aguas tranquilas de color azul verdoso.

 

 Además, en la plaza puedes encontrarte con unos cañones construidos en sus cimientos. También tiene un faro, que aparentemente en tiempos no pandémicos se puede visitar y subir a la cima. El antiguo edificio de la Aduana, cerrado ahora debido a Covid, es un museo. La otra cosa que se puede hacer en Sisal es visitar algunas de las atracciones naturales de la zona, como los manantiales de agua dulce, hacer un poco de observación de aves o, si prefieres dispararle a los pájaros en lugar de sólo observarlos, tal vez apuntarse a una expedición de caza de patos.

 

Valladolid

Conocida como la Perla del Oriente, es la ciudad más grande entre Mérida y Cancún, y una parada popular para los autobuses cargados de visitantes que bajan a comprar recuerdos y explorar la ciudad a su regreso de Chichén Itzá.

 

Es el hogar de un creciente número de refugiados hipsters de Tulum que están abriendo restaurantes y boutiques, todos llamados Maya esto y Maya lo otro. Estos emprendimientos cosmopolitas y ágiles contrastan fuertemente con la ciudad que emana un ambiente mucho más indígena que Mérida. Hay una persistente melancolía en el aire, quizá debida a la violencia perpetrada allí por ambos bandos (mayas y blancos yucatecos) durante la prolongada Guerra de Castas entre 1847 y 1901. La mayoría de los habitantes blancos originales de la ciudad fueron masacrados y los pocos que sobrevivieron huyeron a Mérida y nunca regresaron.

 

Se puede visitar el cenote Zací, llamado así por el nombre original del asentamiento maya que había allí; es un cenote espectacular y cavernoso que cubre toda una manzana en el Centro de la ciudad. Allí se puede nadar. Visita la iglesia de San Servacio y luego disfruta un helado de coco de uno de los vendedores de la plaza que está justo enfrente. Está la Calzada de los Frailes, una bonita calle con un número creciente de tiendas atendidas por algunos de los hipsters mencionados anteriormente. Para contrastar, puedes gastar unos pesitos en unos rábanos gordos y jugosos con la señora maya de la esquina de la Calzada o utilizar tu American Express en una de las boutiques para comprar una fragancia cítrica o un bolso hecho con sacos de yute por artesanas locales. No te pierdas la Casa de los Venados, el mayor museo privado de arte popular de México, ubicado en una casa colonial magníficamente restaurada. Los recorridos son gratuitos, pero se espera un donativo para el Club Rotario local. En el antiguo Convento de San Bernardino de Siena, también proyecta un video mapping de jue. – mar. a las 9 pm (en español) y a las 9:25 pm (en inglés).

 

Valladolid es un lugar excelente para explorar. Las ciudades costeras de San Felipe y Río Lagartos, así como Las Coloradas, con sus lagunas rosas, se encuentran a dos horas en coche. El sitio arqueológico de Ek Balam está cerca, y los exquisitos ahumados del pueblo de Temozón invitan a una parada para comer.

 

Igual se pueden explorar algunos de los lugares donde tuvieron lugar épicas batallas durante la Guerra de Castas. Para los amantes de la historia y la fotografía, Valladolid estuvo en el frente durante décadas y hay muchos lugares que ver. Lee “La Guerra de Castas”, del autor Nelson Reed, para conocer el fascinante relato de una de las rebeliones indígenas más exitosas de Norteamérica.

 

La gastronomía en Valladolid es variada y va desde la clásica y económica comida yucateca de los mercados hasta restaurantes de alto nivel, como la innovadora Taberna de los Frailes (que actualmente sólo ofrece servicio para llevar debido a Covid), el saludable Yerbabuena o Casa Maca, y el nuevo restaurante italiano Paparazzi.

 

 

Editorial por Ralf Hollmann
Autor de Modern Yucatan Dictionary
Fundador de Mayan Xic
Director de Lawson’s Original Yucatán Excursions

 

 

Fotografía por Yucatán Today, Nora Garrett, Natalia Bejarano,  Maggie Rosado y Amanda Strickland para uso en Yucatán Today.

 

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