Los múltiples vestigios arqueológicos y escritos que se conservan de la antigua civilización Maya nos hablan de un pueblo que sustentó todas sus creaciones en una concepción religiosa del universo ya que piensa que todo lo existente proviene de energías sagradas y que ellas permanecen actuantes sobre el cosmos, al manifestarse de múltiples maneras y en variados seres naturales, incluido el hombre mismo, según el orden del tiempo.

El rito es una acción simbólica tradicional que tiene como función introducir al hombre en el ámbito de lo sagrado, K´aam Nikte´. Matrimonio en la práctica de la espiritualidad Maya es considerado un rito de paso que produce el cambio de lo profano a lo sagrado y que  ha sobrevivido a la impositiva y sangrienta  conquista española y al cual se tiene acceso gracias al Kuch kaab Yéetel J-men Maaya’ob, (Consejo de Ancianos y Sacerdotes Mayas).

En el espacio sagrado en donde se lleva a cabo el ritual  K´aam Nikte´, se produce una concentración de energías sagradas, donde queda en manos del hombre un punto central desde el cual es posible influir sobre el cosmos íntegro; un sitio para convocar a los Dioses mediante los ritos que aseguran su presencia en el lugar.

Al centro del espacio sagrado delimitado por una cuerda formando un cuadrado, el cual representa el marco del cosmos es colocado  el Ya’axche’ arból de la vida (axis mundi) que consta de tres espacios determinados por las tres partes del mismo árbol. La raíz es la región del metnal donde están los nueve Yuumtsilo’ob de la obscuridad, de la  muerte, de las enfermedades y las grandes desgracias. Otro espacio es donde se desarrolla  la vida terrestre, donde se encuentran también los animales,  las plantas, las montañas, el agua  de los cenotes y lugar donde habitan los hombres. El tercero las ramas del ya’axche’ con trece capas  que corresponden a los espacios celestiales, hasta llegar a la más alta donde se encuentra el creador Junab K’uj.

Visto de arriba forma una cruz, símbolo Maya de la cuadruplicidad cósmica; Representada por Los Cuatro Bakabes, señores de los vientos, encargados de los cuatro puntos cardinales. Los puntos cardinales se inician con el Oriente donde sale el sol (Lak’in) y se representa por el color rojo de la luz; el Norte (Xaman) paso lento de los vientos, región de los vientos fríos y la estrella polar, se representa por el color blanco; el Poniente (Chik’in) donde el sol se inclina para ocultarse y recorrer el inframundo en forma de jaguar para levantarse nuevamente en forma de serpiente emplumada (K’u’uk’umkaan) su color el negro; y el Sur (Nojol) gran agujero que conduce al espacio oscuro y silencioso; su color el amarillo color de la muerte.

Los caracoles son llamados a los dioses, para consagrar el sitio donde se invoca la presencia de Hunab K’uj, los Bakabes, los trece dioses celestiales y los nueve del inframundo, propicios al ritual para ser testigos de la ceremonia.

  

Por: Anabell Castañeda
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