Kabah: Guía de la Zona Arqueológica Maya en la Ruta Puuc
Kabah, una cajita de sorpresas
Hace poco regresé a Kabah después de casi diez años, y volvió a sorprenderme. Déjame te cuento. Visitar la Ruta Puuc, esa región serrana al sur del estado que agrupa varios sitios prehispánicos unidos por su historia y características arquitectónicas similares, casi siempre significa ir a Uxmal. El resto de las zonas arqueológicas que la integran (Sayil, Labná, Xlapak y Kabah) suelen pasar a segundo plano. Quizá porque, aunque una carretera (la Carretera Federal 261) las une todas, llegar a ellas no resulta tan sencillo si vas en plan mochilero, ya que el transporte público es escaso e irregular. La mejor opción es hacerlo en coche propio o de alquiler. Eso sí, hay que ponerse atentos en el camino porque la señalización no es muy eficiente y podrías pasar de largo. Y eso que la vía tiene al menos dos siglos de existencia, pues era el antiguo camino a Bolonchén, en Campeche.
El punto es que esta vez me concentré en visitar únicamente esta breve ciudad maya. Lo de breve es por la extensión que está abierta al público, menor a dos kilómetros cuadrados; en realidad el sitio es mayor y todavía tiene estructuras en proceso de exploración y restauración. La carretera (la misma que une todos los sitios de la Ruta Puuc) atraviesa la zona por la mitad, repartiendo los vestigios a ambos lados del camino.
Kabah recibe poca gente. Uno de los encargados de la zona me dice que en temporada alta llegan doscientas personas a la semana en promedio.
De acuerdo con registros arqueológicos, Kabah existe desde hace más de un milenio, con evidencia de ocupación tan temprana como el año 200 de nuestra era, aunque su mayor auge lo tuvo entre el 700 y 1000. Es de este periodo que datan casi todos los edificios que hoy se pueden visitar. Tras esa época la ciudad fue abandonada, pero no olvidada. Tanto así, que es citada en el Chilam Balam de Chumayel, un texto de carácter popular redactado varias centurias después.
De hecho, Kabah es de los pocos sitios antiguos cuyo nombre original maya conocemos. Éste se traduce como "el señor de la mano poderosa" o simplemente "la mano poderosa". Tal denominación me hace pensar que quizá se refiera a la importancia del sitio como centro religioso en su tiempo. Y es que una de sus características, es su constante alusión a Chaac, la deidad maya de la lluvia, el viento y el trueno: numerosas representaciones del dios decoran su edificio más popular, el Codz Pop.
El Codz Pop
Conocido también como Templo de los Mascarones, el Codz Pop está ubicado sobre una plataforma a la derecha de la entrada principal y es un imperdible no sólo de Kabah sino de toda la Ruta Puuc, si no es que de toda la región maya peninsular. Pero antes de concentrarte en el edificio, fíjate en la terraza al frente: al centro hay un altar con inscripciones jeroglíficas y, distribuidas en el patio alrededor, hileras de piedras talladas, agrupadas en conjuntos, alineadas como piezas de rompecabezas listas para armarse. Es de suponerse que formaban parte de la estructura y que aún esperan turno para retomar su lugar.

Ahora sí, el Codz Pop. Algunos califican su fachada como “gótico maya” por su vistosa acumulación de figuras geométricas y celosías que forman un intrincado y bello mosaico que cubría todo el perímetro. Se estima que habría albergado más de trescientas representaciones de la cara del dios Chaac.
¿Por qué tanta fijación con ese dios? Quizá la respuesta tenga que ver con el hecho de que en la región del Puuc no hay cenotes ni aguadas. Por lo tanto, los habitantes de la ciudad dependían casi por completo de las lluvias, responsabilidad del dios Chaac, quien, tras ser complacido con ceremonias y plegarias, dejaba caer agua del cielo. La lluvia era recolectada en depósitos conocidos como chultunes, de los cuales Kabah tiene más de una decena distribuida por todo el lugar.
Hagamos una pausa antes de seguir. Gira la vista alrededor: la vegetación alta abraza el lugar en diversos tonos de verde. En su interior habita gran cantidad de aves como tohs, carpinteros, loros y hasta zopilotes, mientras que a nivel de suelo se dice que hay incluso jaguares.

Si el frente del Codz Pop es espectacular, la parte posterior no se queda atrás. En lo alto hay dos esculturas de un personaje masculino (eran siete originalmente). De acuerdo con investigaciones, se trataría del gobernante de la ciudad, retratado también en piedra en las puertas de abajo en escenas bélicas. Las posturas son señoriales, a la vez que dramáticas.
Today’s Tip:
Camina a los costados, aléjate y acércate, agáchate y estírate, pues el edificio es tan simétrico y tan bonito, que la tentación de tirar fotos es irresistible, así que busca el mejor ángulo.
La Plaza en Kabah
Cerquita de allí hay una plaza adjunta flanqueada por tres estructuras, el Palacio, la Casa de la Insignia Real y el Teocalli. El primero es grande y espectacular, con restos de crestería en su parte superior, y el segundo tiene detalles fotogénicos; pero a mí me gusta más el tercero, el Teocalli. Mi elección tiene motivo: junto a una escalera externa, un árbol de naranja agria da sombra y color al edificio. El detalle es encantador, un guiño al pasado y presente agrícola de la región. De hecho, en las crónicas del explorador inglés John Lloyd Stephens, se habla de milpas alrededor de Kabah.

Un dato curioso: Teocalli significa “casa de dios”, pero no en lengua maya, sino en náhuatl, idioma indígena hablado en el centro del país.
Fueron las descripciones de Stephens, junto con los grabados y dibujos de Frederik Catherwood, publicados en 1941 en el libro “Incidentes de viaje en Centro América, Chiapas y Yucatán”, las que despertaron la imaginación e interés por los vestigios mayas de académicos, público y otros aventureros como el francés Désiré Charnay.
Ya que hablamos de imaginación, no olvidemos que aquí en Kabah vivía la anciana que encontró el huevo del que nació el diminuto personaje que construyó la Pirámide del Adivino, según narra la leyenda del enano de Uxmal.
Cruzando el camino: el Arco de Kabah
Vayamos ahora al otro lado de la carretera, donde un sendero rústico se adentra en la selva. A los costados podrás ver, escondidas atrás de la vegetación, estructuras en diversas fases de restauración a las que, por razones obvias, no se puede acercar. ¿Tardarán mucho en ser abiertas al público?

Poco más adelante, al final de una curva, está el motivo de este camino: el Arco de Kabah. Se trata de un único edificio de aspecto sencillo pero vistoso, que destaca entre el verde que lo rodea. Los exploradores de siglos pasados lo llamaron “Arco del Triunfo”, pero se equivocaron. La estructura no conmemora batallas: marca la entrada o salida de la ciudad. Este arco es el inicio y final de un sacbé que iba hasta Uxmal, veintitrés kilómetros más allá. Solitario y austero, aislado entre un mar de vegetación, el Arco es una isla de tranquilidad que despide al viajero.
Miro el reloj y me doy cuenta de que en total han pasado dos horas, que parecen más por todo lo visto: jeroglíficos, palacios, chultunes, dioses, terrazas, esculturas, leyendas, exploradores del pasado, iguanas, mariposas, aves por doquier y hasta un árbol de naranja agria. No cabe duda: Kabah es una cajita de sorpresas.
Zona Arqueológica de Kabah
Carr. 261, 140 km al sur de Mérida y 23 km al sureste de Uxmal
Ubicación: Google Maps
Lun. - dom. 8 am - 5 pm
Servicios: sanitarios, guías, venta de artesanías, botanas y bebidas; carece de rampas y facilidades para adultos mayores y personas con discapacidad.
Admisión: $155 pesos; nacionales y extranjeros con residencia en México $85.
Publicado por primera vez en el sitio web de Yucatán Today en agosto del 2026.
Autor: Alberto Chuc
Me gusta viajar a través de libros y en el mundo real, actividades que combino cada vez que puedo.
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