Leyendas de Izamal: Historia y Mitos del Pueblo Mágico
Izamal: Una leyenda en cada esquina
Al caminar por las calles del Pueblo Mágico de Izamal, seguro has notado las curiosas placas colocadas en plazoletas y casonas. Cada una señala el lugar exacto donde, según la tradición, ocurrieron leyendas que siguen vivas en la memoria colectiva. Estas ilustraciones y los textos que las acompañan se basan en el trabajo de un célebre izamaleño: Florencio Ramiro Briceño López, considerado por muchos como uno de los promotores culturales más importantes en la historia de la Ciudad de los Cerros.
El señor de las leyendas
Florencio Ramiro Briceño López nació el 29 de septiembre de 1916 y falleció el 20 de octubre de 1984 en Izamal. Por años, Ramiro se dedicó a entrevistar gente mayor y a buscar viejos libros de bibliotecas públicas y privadas, con el fin de estudiar y mantener viva la tradición oral izamaleña. Gracias a él y a sus escritos, las leyendas de Izamal han pasado de generación en generación y hoy están más vivas que nunca.

Esa labor incansable le valió el título de “el señor de las leyendas”. De hecho, uno de los reconocimientos más importantes que ha recibido es la colocación de su propia placa, en la casa en la que nació, en la calle 27 entre 30 y 32 del centro de Izamal. Hoy esta casa es la sede del restaurante La Siempreviva - Casa de Leyendas, propiedad de sus parientes. Con esa placa, su nombre se ha inmortalizado para conocimiento de las nuevas generaciones.
Una historia de amor por Izamal
El amor de Ramiro Briceño por Izamal no surgió de la nada. Ramiro nació del matrimonio de doña Julia López Ortega y don Sérvulo Briceño Sosa, entonces presidente municipal de Izamal; fue él quien le inculcó el amor por su terruño. Apenas a los 16 años, Ramiro fue socio fundador del “Club de Exploradores de Yucatán” que realizaba excursiones deportivas y de estudio a distintos lugares. En 1938, formó parte del “Círculo de Estudios Históricos Crescencio Carrillo y Ancona”, enfocado en los lugares históricos de Izamal; esto continuó encendiendo su labor literaria y de investigación.
Su legado editorial
Quienes conocieron a don Ramiro aseguran que fue una persona muy querida por su calidez y amabilidad. En vida, su obra escrita fue publicada en diversos medios locales y regionales, siendo el más importante la revista “La Voz de los Cerros”, que contaba con el respaldo de un círculo de grandes intelectuales. Escribió para ella entre 1965 y 1970, periodo en el que sus leyendas ganaron fama en la ciudad.
Algunos de sus textos fueron publicados en 1971 en el libro “Izamal en la historia y la leyenda”, edición de la Cámara de Diputados. Para 1984, en los últimos meses de su vida, escribió para el periódico “Novedades de Yucatán”. Después de fallecido, este último siguió publicando sus leyendas más célebres y algunos ensayos inéditos.

Curiosamente, su obra más famosa apareció póstumamente en 1990. La primera edición del libro “Leyendas de Izamal” se logró publicar con el apoyo económico del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes a través del Programa de Apoyo a la Cultura Municipal y Comunitaria (PACMYC). Este libro es una invaluable aportación a la sociedad izamaleña y yucateca. Las ilustraciones del libro fueron hechas por el Prof. José Miguel Briceño Amaro, hijo del Señor de las Leyendas.
Así, cada esquina, Izamal rinde homenaje a don Ramiro, uno de las figuras que documentó la memoria oral de esta ciudad y Pueblo Mágico.
Leyenda del Arco
En el año 1557, el fraile Diego de Landa, Padre Guardián del convento franciscano que se estaba construyendo en Izamal, trajo desde Guatemala dos imágenes de la Virgen María idénticas: una para los Misioneros de San Francisco de Mérida y otra para Izamal.
Como Izamal era un lugar donde la mayoría de la población era maya, los españoles pensaban que no merecía tener una imagen tan bella, de tez blanca y de finos detalles. Esto despertó el interés de los españoles de Valladolid, quienes pidieron al Obispo que la imagen fuera trasladada al Convento de Sisal en Valladolid. Así, llegó a Izamal una comitiva de españoles encabezada por líderes importantes acompañados de sus sirvientes.

Las campanas del Convento inconcluso fueron repicadas para convocar a todo el pueblo. Mayas y mestizos acudieron al llamado. El Padre Guardián informó que aquel grupo de forasteros tenía una orden firmada por el Obispo para que la imagen de la Virgen de Izamal fuera entregada para ser trasladada al Convento de Valladolid.
La imagen fue colocada en una caja de madera para su traslado, pero fue justamente en el sitio donde se encuentra el arco que la imagen se hizo muy pesada, doblegando las piernas de quienes la cargaban y haciendo imposible levantarla de nuevo. Fue entonces que los españoles desistieron de su empeño, respetando la voluntad divina. Los mayas que aún no eran fieles devotos de la imagen presenciaron el hecho y al cargar ellos aquel cajón con la imagen, no tuvieron problemas, se aligeró la carga y pudieron regresar a la Virgen al Convento, donde poco a poco fue creciendo la fe hacia ella.
Leyenda de los dos hermanos
Hace muchos años llegaron a Izamal dos misteriosos hombres de un gran parecido entre sí. Buscaron trabajo limpiando casas, quitando maleza y otras labores domésticas, y pronto se hicieron muy conocidos por su buena disposición y por ser muy trabajadores.
Con el tiempo los hermanos pudieron comprarse unas casas: uno en el pueblo de Sitilpech y otro en Citilcum. El primero iba todos los domingos a Izamal a escuchar misa mientras que el otro iba a Tekantó.
Un buen día, la Virgen del Izamal tuvo que ser llevada a Mérida para consolar a los devotos que se enfrentaban a una gran peste; los izamaleños estaban preocupados pues el altar había quedado solo. Entonces, los dos hermanos informaron que se irían de Izamal y dieron la indicación de que sus casas en Sitilpech y Citilcum fueran abiertas después de tres días de su partida. Cuando la gente hizo lo que habían pedido, en cada casa encontraron una escultura de Cristo. Cada efigie fue colocada en la iglesia de su pueblo, y ambas han sido veneradas desde entonces. Muchos aseguran que fueron aquellos hermanos que se convirtieron en las imágenes santas, mientras otros aseguran que solamente fueron los escultores.
Hasta el día de hoy, el Cristo de Sitilpech visita Izamal cada mes de octubre, mientras que el de Citilcum es llevado en procesión hasta Tekantó cada mes de noviembre.
Leyenda del Juglar Triste
En el siglo XVII, uno de los encomenderos de Izamal tenía una hija famosa por su belleza, rubia y de ojos azules, que era pretendida por los pocos mancebos españoles que ahí radicaban.

El encomendero tenía como empleado a un gallardo joven que era juglar; su puesto como administrador le permitió entablar amistad con la “Doncella de Oro” y así ganarse su amor. Una vez comprometidos, el padre de la joven les obsequió una mansión, dentro de la cual se colocó un retrato de ella traído desde España.
Una noche, mientras el juglar tocaba el laúd (una especie de guitarra) al pie de la ventana de su amada, dos hombres celosos trataron de asesinar al prometido; sin embargo, en el forcejeo la hermosa mujer fue quien recibió la estocada
Desde aquella noche, el juglar fue solitario y melancólico y una noche de luna llena encontraron al pie del retrato de “La Doncella de Oro” su cuerpo y laúd en manos. No encontraron motivo para la muerte, pero la gente asegura que aquel mancebo murió de amor.
Publicado por primera vez en el sitio web de Yucatán Today en julio del 2026.
Fotografía por Carlos Guzmán Andrade, Alicia Navarrete y Leobardo Cox Tec para uso en Yucatán Today.
Autor: Leobardo Cox Tec
Gestor cultural, gastrónomo, fotógrafo y escritor originario de Yaxcabá. A través de su trabajo, se especializa en la difusión del patrimonio cultural y natural del estado de Yucatán, compartiendo las historias de sus pueblos a través de sus tradiciones."
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