¡Escucha a tu Chichí! - Creencias Yucatecas Populares
En Yucatán, la manera más común y cariñosa de llamar a nuestras abuelitas es “chichí”. Esta palabra, específica del español yucateco, proviene de la palabra maya para “abuela”: chiich.

Tengo muchos recuerdos de mi chichí de cuando yo era pequeña. Ella estaba siempre al pendiente, sobre todo de que no me fuera a enfermar y para esto aconsejaba no exponerme al mal aire. Si en algún momento me enfermaba, podía estar segura: mi abuela lo iba a atribuir a que había abierto el refrigerador mientras estaba sudada o a que me había "batido el jatzajá". Puede que estas ideas no terminen de cuadrar con personas que no vengan de Yucatán, pero son dos conceptos muy arraigados en la cultura de Yucatán y tienen sus orígenes en la cosmovisión maya.
La cosmovisión maya del viento y el jatzajá
Para los mayas, la idea del viento o aire era y es muy diferente a como se considera en otras culturas. Más allá de ser un simple suceso meteorológico, al viento pueden atribuírsele características tanto buenas como malignas dependiendo de la dirección de la que viene, la hora del día en la que se presenta y otras condiciones.
Por ejemplo, el famoso “jatzajá” es el viento húmedo y pesado que precede a la lluvia al que le huimos los yucatecos; y aunque la temperatura esté a 40 grados centígrados, buscaremos algo con qué taparnos para que no nos pegue.
Otro viento particularmente dañino es el que llega cuando la tarde está resplandeciente o amarilla. Ésta es llamada tarde amarilla, viento amarillo o "x’kalenkai". La existencia de este y otros vientos y su asociación tradicional con las enfermedades está tan bien documentada que inclusive Robert Redfield, en su libro “The Folk Culture of Yucatán” (1941), dedica todo un capítulo a su explicación.
Los bebés y niños son especialmente vulnerables a estos malos vientos y no deben salir a la calle cuando se presentan. Incluso se toman medidas como cerrar las ventanas y tapar los agujeros en las casas para que este aire no entre.
El equilibrio entre frío y caliente en Yucatán
En Yucatán también se acostumbra no mezclar actividades calientes y frías, ya que hacer esto también se asocia con la enfermedad. De esta forma, buscamos no abrir el refrigerador después de hacer actividades que nos hagan sudar. Seamos honestos, en algunas épocas el simplemente existir te acalora, así que el agua fría se suspende hasta nuevo aviso. Combinar estas actividades frías y calientes es muy mal visto y definitivamente te va a enfermar.
Una persona con “síisk’ab” es la que tiene las manos frías, y en Yucatán se cree que no debe ni puede cocinar, ya que los caldos y guisos se le echan a perder o, de plano, no se cocinan. De igual forma, las personas con síisk’ab no son aptas para la crianza de animales domésticos ni para atender plantas.
Tradicionalmente, también las comidas y los remedios herbales eran divididos en fríos y calientes. Los alimentos clasificados como calientes solían ser asociados con propiedades restauradoras y curativas (por ejemplo, el caldo), mientras que los alimentos fríos podían llegar a ser dañinos y perjudiciales. La comida se usaba para balancear estas temperaturas, y una persona resfriada recibía alimentos calientes, mientras que una persona con fiebre recibía alimentos fríos.
Quizás no tengas a tu propia chichí para que te enseñe nuestras costumbres y te cuide, pero lo cierto es que estas son una parte tan íntegra de nuestra cultura de Yucatán que muchos yucatecos las conocemos y las seguimos fielmente. Si no eres de aquí, la próxima vez que te encuentres hablando con un yucateco, pregúntale lo que sabe sobre el jatzajá, o acerca de otra de nuestras costumbres; seguro tendrá mucho que contarte. Y si sí eres yucateco, dinos, ¿qué otras creencias te inculcó tu chichí?
Fotografía por Valentina Álvarez y Ralf Hollmann para uso en Yucatán Today
Publicado por primera vez en la revista impresa y digital Yucatán Today, edición no. 376 de abril de 2019.
Actualizado en la revista impresa y digital Yucatán Today, edición no. 458 de febrero de 2026.
Autor: Maggie Rosado
Maggie es apasionada del turismo, la escritura y los idiomas y cuenta con una maestría en Competencias Traductoras.
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