Cuándo piensas en la civilización maya, ¿qué se te viene a la mente? Quizá se te ocurren imágenes de personas exóticas adornadas con plumas y pieles de jaguar antes de una gran batalla. O quizá piensas en sus logros en arquitectura, matemáticas o astronomía. Pero, ¿sabías que entre algunos de los logros más importantes de los mayas figura el desarrollo y uso del papel?

La escritura en Mesoamérica comenzó a utilizarse por ahí del siglo VII AC y la evidencia más temprana de escritura jeroglífica maya se encuentra sobre enormes piedras labradas conocidas como estelas. No tenemos muy claro cuando apareció por primera vez la tecnología de papel en la región, pero la evidencia directa más temprana nos indica que esto sucedió por ahí del siglo I AC. El papel mesoamericano, también conocido como papel amate, se produjo y utilizó extensamente para la comunicación, los registros y en prácticas rituales y espirituales.

Algunos estudiosos sostienen que el papel amate era inclusive superior a sus alternativas utilizadas en Europa y Asia ya que era más fácil de producir y que los materiales necesarios para su producción abundaban en la región. Se cree que el desarrollo del papel amate surge como resultado en las innovaciones al crear textiles para fabricar ropa. Así es, ¡los mayas usaban la corteza de los árboles para hacer tanto ropa como papel!

Los mayas eran escritores prolíficos y produjeron enormes volúmenes de libros llamados códices. Sin embargo, en el siglo XVI, los conquistadores españoles se encargaron de destruir todos los códices que encontraron y con esto destruyeron una rica tradición literaria que abarcaba más de 2,000 años.

Poco textos sobrevivieron esta purga y aunque los dos más conocidos, el Popol Wuj y el Chilam Balam, sobreviven únicamente como transcripciones de la era colonial, son de enorme importancia ya que nos permiten entender más sobre la vida de los mayas. El Popol Wuj es el libro de los mayas K’iché que recuenta las míticas leyendas de los altos en Guatemala. El Chilam Balam, descubierto en Yucatán, nos da un recuento de varios hechos históricos e informa mucho de nuestro conocimiento contemporáneo sobre la vida maya ritual, cultural y folklórica.

Aunque es maravilloso que estos textos sobrevivieron esta purga, es difícil imaginar y reconciliarnos con el conocimiento que se ha perdido por siempre. Las buenas noticias son que gracias a avances en tecnologías como el aprendizaje automático, podemos descifrar textos (particularmente sobre piedra) que habían  sido previamente imposibles de traducir. Esto nos da un vistazo a una cosmovisión maya que se había dado por perdida.

 

Editorial por Carlos Rosado

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