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El Balero Yucateco: Historia, Reglas y Tradición de un Juego Artesanal

23 julio 2026
/
4 min. de lectura
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Me compré un balero. Sí, el juguete, ese que está formado por un palito o tallo, unido con una cuerda o hilo a un tambor o cuerpo cilíndrico con una abertura en la base. Está hecho de madera y su exterior es sencillo, apenas con una capa de barniz en ambas partes, aunque los hay muy adornados con figuritas coloridas bien pintadas.

 

Me costó setenta pesos, pero su precio puede elevarse hasta más allá de los doscientos, según el tamaño y el lugar donde lo compres. Lo encuentras en mercados, tiendas de artesanías, locales de venta de recuerdos o, en mi caso, una tlapalería de pueblo, señal de su carácter popular. ¿Que por qué lo adquirí? Déjame te cuento.

 

Resulta que como todo buen niño yucateco, antes de los videojuegos y las redes sociales, de pequeño tuve varios de los llamados juguetes tradicionales: trompos, yoyos, canicas, y kimbombas. Pero de ellos, el balero es el único que se me resiste todavía: nunca he podido embocar el cuerpo en el palito, ni una sola vez. Porque allí está el chiste del balero: hay que maniobrar el tambor de modo que con un movimiento del antebrazo y la muñeca, se eleve en el aire y al caer lo haga sobre el palito. ¿Cómo así? Pues sí, así como te digo. El balero tiene una apariencia sencilla, pero su ejecución es engañosa. El caso es que no puedo andar por la vida sabiendo que nunca he embocado el balero ni una sola vez.

 

 

El origen del balero

Hay más que decir del balero. Por ejemplo, que su origen es múltiple. Hay antecedentes del balero en distintas partes del mundo y en diversas épocas, desde Asia hasta Europa. Por supuesto, también entre los antiguos mayas, cuya versión usaba un cráneo en vez de un barril de madera, según parece indicar una vieja ilustración del Clásico maya (entre los años 250 y 900 d.C.). Aunque pienso, de ser cierto esto (el debate continúa), que más que un juego, entre los mayas tenía una función ritual. En contraste, en Francia se conoce una versión llamada bilboquet, apenas desde el siglo dieciséis.

 

Balero-juego-yucateco-2-Ilustracion-Generada-con-IA

 

Respecto al nombre te puedo contar dos cosas. Primero, que se desconoce su origen exacto; y segundo, que varía según el país: balero en México y Argentina, capirucho en parte de Centroamérica, boliche en España, emboque en Chile y perinola en Venezuela, mientras que la versión japonesa se llama kendama.

 

Y aunque se trata de un juego, más vale tener precaución, ya que un mal manejo puede causar pequeños accidentes, como machucarse el dedo o golpearse la mano o el brazo. Lo digo por experiencia. Lo que sí, es que es una buena manera de estimular la coordinación mano-ojo, que deben estar al tiro para lograr el movimiento exacto con la fuerza justa para que el tambor se eleve lo suficiente en el aire con la estabilidad necesaria para que, al caer, lo haga directo sobre el palito.

 

 

Juguete y artesanía

El balero es un juguete, pero con el paso del tiempo también ha adquirido carácter de artesanía y, como tal, se vende en muchos locales dedicados a eso; incluso, una colección de ellos forma parte del acervo del Museo de Arte Popular en Ciudad de México, cerquita de la Alameda Central.

 

El balero que yo compré es de madera dura; de cedro según me dijo el tendero, quien me señala que también se hacen de pino. Se fabrican a partir de bloques que, una vez seleccionados por su tamaño y consistencia, son pasados por el torno para darle forma a cada parte. Luego son lijados y barnizados, pintados y adornados según sea el caso. Finalmente, ambas partes son unidas por un cordel cuya longitud es precisa: debe dar una vuelta exacta sobre el tambor, ni un milímetro de más o de menos.

 

Sin embargo, en nuestro contexto mexicano y yucateco, el balero es más que un juego: es una tradición que habla de habilidad manual en su fabricación y espacial en su manejo, que además remite a otra época, cuando distraerse no implicaba mirar una pantalla.

 

¿Desde cuándo se practica en México? Desde un titipuchal de tiempo; te digo que los mayas ya lo conocían. Por tanto, no suena extraño saber que el Récord Mundial Guinness por la mayor cantidad consecutiva de emboques pertenece a un yucateco, Pedro Pablo Zapata, quien en 2015 logró 1,058 ensartes de un tirón.

 

Mi ambición es más modesta: sólo quiero conseguirlo una vez. Con un emboque simple me conformo, porque has de saber que hay al menos dos suertes con el balero: el emboque simple o capirucho, y el capirucho doble, en el que hay que hacer girar el tambor dos veces en el aire antes de asentarse en el palito. Este último movimiento es para maestros.

 

Mientras escribo estos párrafos todavía no lo consigo. He estado cerca y ya me pegué un par de veces. Pero sigo practicando. Quizá cuando estés leyéndome, ya lo habré logrado. Échame porras.

 

 

 

 

Publicado por primera vez en el sitio web de Yucatán Today en julio del 2026.

 

Alberto Chuc

Autor: Alberto Chuc

Me gusta viajar a través de libros y en el mundo real, actividades que combino cada vez que puedo.

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