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El arte de descolgar la hamaca

28 marzo 2023
/
3 min. de lectura
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El arte de descolgar la hamaca

Sr. Chuc con su hamaca by Alberto ChucLes contaré algo: cuando estoy en casa de papá, me gusta verlo descolgar su hamaca después de echarse una siestecita. Se levanta parsimonioso y con agilidad suelta uno de sus lados, con una mano la sujeta por debajo de su brazo, la recoge en un par de vueltas y con el extremo libre, la rodea e introduce la punta por el medio, tira de ella y la cuelga en el gancho donde descansa el otro brazo. Todo en cuestión de segundos. La hamaca queda allí: un ovillo estético y funcional que mantiene en orden el espacio de una manera que envidiaría hasta Marie Kondo.   

 

He visto a mi padre hacer esa maniobra muchas veces y, a pesar del ejemplo, admito con pena que nada más no me sale. Y vaya que lo he intentado; incluso he visto tutoriales en internet en los que se explica, paso a paso, esa acción tan sencilla.    Con mi torpeza siento que traiciono mi herencia yucateca: el arte de descolgar la hamaca es un conocimiento que debería ser común a los peninsulares y transmitirse de generación en generación, de padre a hijo: una habilidad para la vida que es a la vez una lección de orden y sencillez, una disciplina útil y simpática.  

 

Sobre todo en las tardes calurosas de la Península, cuando nada es más rico que descansar tumbado en la hamaca y mecerse con la punta del pie mientras el sueño nos cierra los ojos. No olvidemos que la hamaca, esa media luna para dormir que cantó algún poeta, es un mueble indispensable en cualquier hogar yucateco que se respete.   

 

De vuelta a casa de mi padre, por ejemplo, cada habitación, salvo el comedor y la cocina, tiene al menos dos hamaqueros. En total hay una docena en casa de papá. Decorativo y utilitario a la vez, como las venas en las catedrales góticas, el hamaquero sirve para un propósito y es parte indispensable del mobiliario en Yucatán. Un buen hamaquero es sencillo y modesto: está allí sin ser visto; no se lo nota, pero, cuando falta, se siente su ausencia. Por lo regular consta de una concha de metal incrustada en la pared, con un par de agujeros en los que se inserta el gancho del que cuelga la hamaca   Hamaca colgada by Alberto Chuc

 

Los hamaqueros más comunes están hechos de metal, ya sea acero inoxidable o una aleación de aluminio; el gancho del que se “trinca” (cuelga) puede ser del mismo material, aunque los hay decorativos de madera dura, incrustada en la pared. En su forma más popular son conocidos como "ese" (por su forma de “S”), pero pueden ser también en forma de cruz o de anzuelo, y de forma más moderna y elegante, en forma de T.   

 

Común en la región del Caribe, la hamaca es toda una industria y tradición en Yucatán. Las hay de varios tamaños, desde individuales hasta matrimoniales, hechas en hilo de algodón o fibra sintética, fabricadas a mano o en serie, sencillas y casi casi hasta de diseñador. Incluso tiene su día nacional, el 22 de julio.   

 

Pero en lo que llega la fecha, seguiré practicando el arte de descolgar la hamaca. No puede ser que a estas alturas aún no pueda levantarla como la tradición manda.     

 

Fotografías por Alberto Chuc para su uso en Yucatán Today.

Alberto Chuc

Autor: Alberto Chuc

Me gusta viajar a través de libros y en el mundo real, actividades que combino cada vez que puedo.

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