El viaje a El Cuyo ocupa un lugar muy alto en mi lista soñada de llegadas cinematográficas. Saliendo de Tizimín, la carretera de dos carriles atraviesa inmensas praderas de ganado. Las palmeras solitarias forman grupos dispersos y se elevan destacando dentro de los pastizales abiertos, sus hojas puntiagudas le agregan un estilo a lo Dr. Seuss a la historia.

El cielo se vislumbra con un dramático tono azul, viscoso como un bote de pintura.

Rápidamente, los espacios abiertos se tornan densos y se transforman en manglares, uno de los paisajes más extraordinarios de Yucatán, donde los árboles tienen raíces, como las arañas tienen patas. Después de atravesar los manglares, el panorama vuelve a abrirse, esta vez revelando las brillantes arenas blancas y las lagunas rosadas donde los flamencos descienden. Miro por la ventana y siento que estoy flotando en una superficie de algodón de azúcar, elevándome hacia el océano que es el cielo.

Al llegar al pueblo, los niños y los adultos caminan por las calles, descalzos y con ropa de playa, siempre luciendo grandes sonrisas y saludando con la cabeza. En su mayor parte, el pueblo conserva su arquitectura tradicional: coloridas casas hechas de paneles de madera o de concreto, cubiertas con palapas y techos bronceados por el sol.

Muchos otros pueblos a lo largo de la costa de Yucatán han experimentado un proceso de restauración. El Cuyo, sin embargo, se mantiene fuerte como pueblo, en un sentido literal y cultural. Estar aquí se siente como pertenecer a una gran familia de muchos individuos.

El turismo gira en torno al kitesurf y las visitas relajadas a la playa, actividades que se han integrado en la comunidad local. La escuela de kitesurf más famosa es “El Cuyo Kite School“, fundada y dirigida por un grupo de jóvenes locales, campeones internacionales en el deporte.

Los letreros pintados a mano con números de teléfono anuncian el alquiler de bungalows, habitaciones y casas enteras, la mayoría de las cuales solo se reservan durante la temporada alta. “Private Haciendas” ofrece una experiencia de viaje de lujo para aquellos que buscan realmente instalarse en El Cuyo: reserva una estancia en su “Casa El Cuyo” para disfrutar patrones marinos, arquitectura clásica e innovaciones modernas (reserva con Catherwood Travels). Pasa momentos extraordinarios con una increíble vista en el faro, que fue construido durante el período colonial en la cima de un templo maya, y que se manifiesta como un símbolo de poder y control territorial.

Nos escabullimos a través de una entrada aleatoria entre las casas y el agua. La espesa flora de las plantas de la playa y las palmeras enmarca la escena, y cuando vi la vista del agua, me emocioné. Corrí a través de la larga e interminable playa blanca hacia el agua tibia y enérgica, de color azul hielo y con espuma como un latte.

Hicimos un campamento debajo de la palapa en la costa desierta, usando la red de pesca para colgar nuestra ropa. Nuestra foto de portada es una instantánea de este momento, cuando sentí que la brisa corría por mi espalda, y mi piel se estremecía con el agua salada y el aire empapado por el viento.

Por Amanda Strickland
Fotos por Loboluna Producciones

Cómo llegar a El Cuyo:

En automóvil: Para llegar a El Cuyo, diríjase al norte de Valladolid a Tizimín, después al este hasta Colonia Yucatán, y luego al norte hasta El Cuyo. Puede consultar nuestro mapa de Yucatán para obtener más información.
En autobús: Vaya Autobuses del Noreste (Tel. (999) 924 6355) ubicado en la Calle 67 entre 50 y 52, Centro. El autobús a Tizimín tarda 2 horas y luego debe tomar un segundo autobús a El Cuyo, que dura 1 hora y 45 minutos.

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