Desde mi infancia, los caminos han sido una parte importante de mi vida. Diario viajaba del rancho donde vivía al pueblo donde iba a la escuela, a la milpa, a pueblos vecinos a conseguir cualquier cosa que se necesitara, o a Mérida a visitar familia. Atravesé caminos de k’ankab’o’ob (tierra roja), de áak’alche’ob’ (tierra negra), de asfalto, de piedra… caminos lodosos, buenos y malos, caminos al fin.

 

En esos viajes me entretenía contando las líneas divisorias de los carriles, cantando, viendo árboles o a la luna y pendiente por si cruzaba algún animal. Cuando viajábamos por rutas que pasaban por pueblos, me gustaba fijarme en las plazas principales, sus mercados, su iglesia, la mercancía que vendían y ver a la gente caminar.

 

Un pueblo llamativo

Hace algunos años -ya no tan niña- viajando con mi papá pasamos por un pueblo con una fachada de piedras mayas labradas que llamó nuestra atención.

 

Al sur de la ciudad de Mérida, en el municipio de Tecoh, se encuentra Telchaquillo. Este pequeño pueblo estuvo incomunicado muchos años antes de la construcción de la carretera. Siendo tan pequeño – aproximadamente 1347 habitantes según el último censo – se conoce poco de este lugar, el cual guarda elementos de gran importancia.

 

 

Un poco de historia

Don Eduardo Cobá Pacheco explica que, durante la época del henequén, Telchaquillo era un pueblo rodeado de haciendas henequeneras. Al caerse la industria, los pobladores se dedicaron a la milpa hasta hace unos 50 años. Aunque el terreno es pedregoso, la abundancia de los cenotes y la tierra fértil permitía buenas cosechas. Hoy en día queda la costumbre de sembrar y de hacer las primicias y las fiestas, sin embargo, la mayoría de las personas tienen que salir a trabajar para conseguir sus necesidades básicas.

 

Tips para tu visita

Cuando visites Telchaquillo, notarás la amabilidad de su gente. Por ser un pueblo pequeño, todos sus habitantes se conocen entre sí y te irán refiriendo a las personas que cuidan la iglesia, los cenotes y a aquellas que pueden contarte sobre la historia del lugar. Los cenotes son uno de los principales atractivos turísticos del lugar. Conocerás el cenote de la plaza del parque que está frente a la iglesia. Gracias a los cenotes, la población cuenta con agua que sacan por medio de pozos, misma que también llena de vida a la vegetación y a las abejitas. Los pobladores explican que este es un lugar privilegiado para las abejas, pues está rodeado de selva y cenotes, lo cual conserva siempre la humedad.

 

Al caminar por sus calles, percibirás los olores de la flora de la limonaria y otras variedades que alimentan a las abejitas y alegran el paseo por el pueblo. Mientras exploras, detente a platicar con a gente del pueblo; y comparte con ellos tu botana y un intercambio de saberes sabroso. Aprenderás sobre la importancia de Mayapán, la zona arqueológica más cercana, donde los mayas que peleaban se unieron ante el contacto con los europeos. Conocerás las casas mayas con su construcción original de ripio y los cuidados al terreno en el que viven.

 

 

Piedras mayas en la iglesia

Y entonces, ¿cómo es que la iglesia tiene piedras labradas mayas? La respuesta es sencilla: ¡pues los mayas la construyeron! Ciertamente, las figuras de las piedras representan la selva, la flora, el agua y los elementos del lugar de tierra fértil que alimenta a los pobladores y a las abejitas. Cuando visites la iglesia, podrás ver la muralla que rodea la zona arqueológica que fue destruida para la construcción de la iglesia y dar un recorrido guiado donde aprenderás su historia y la del pueblo.

 

Si te gusta adentrarte en la selva, podrás hacerlo en esta región sabiendo que estás en buenas manos. Resulta que en Telchaquillo se encuentra el médico más solicitado por los pueblos cercanos, pues sabe curar la mordedura de serpiente utilizando espinos de henequén alrededor de la herida y aplicando yerbas con la resina de las hojas de la papaya silvestre y otros ingredientes que te sanarán. Y si la aventura no es lo tuyo, podrás conocer lo bello y sagrado que son los cenotes, la piedra natural y el agua pura que nos llena de vida y que debemos cuidar y proteger.

 

 

Editorial por Andrea Medina y Alejandro Medina
Fotografía por Alejandro Medina para uso en Yucatán Today

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