¿Te ha pasado que llega la tarde y se te antoja comer algo delicioso pero no te puedes mover de la hamaca? No te preocupes, es un síntoma común de vivir en Yucatán. Además, los vendedores ambulantes lo saben muy bien, y a lo largo del día y hasta alrededor de las 9 de la noche, se pasean en sus triciclos por los diferentes barrios de la ciudad, acercando sus deleitosas tentaciones a cada puerta en su camino.

El panadero toca la trompeta de su triciclo que avisa a los vecinos sobre su llegada. Ellos venden una amplia variedad de pan dulce y barras para sándwiches a precios muy accesibles. Con $20 pesos te alcanza para compartir el pan y la tarde con alguien especial.

Si se te antoja algo más fresco, espera al heladero. Ellos usan un triángulo como sonido distintivo. Comúnmente tienen helado de coco, que siempre es una opción exquisita y refrescante. También tienen sabores por temporada como mango o mamey. Los conos cuestan entre $8 y $10 pesos y los puedes pedir cubiertos con chocolate y chispas.

Y si estabas pensando en algo más salado, también es probable que escuches a los vendedores de “kibis” anunciándose a viva voz. Ellos suelen pasar caminando sobre todo por calles transitadas. Los kibis están hechos de trigo frito y en ocasiones los rellenan con queso o carne. Pueden costar entre $10 y $16 pesos. Los valientes los piden con chile habanero y los demás mortales solo les ponemos repollo.

Por las calles de Mérida también circulan otros vendedores ambulantes que te ofrecen esquites, flanes, raspados y hasta tepache. Hay otros que brindan sus servicios, como afilar tus cuchillos, tierra para tu jardín, e incluso hay quienes te compran chatarra.

Puedes ir desarrollando una maestría en reconocer los llamados propios de cada vendedor, pues incluso los que se anuncian gritando lo hacen de una manera muy particular. Solo es cuestión de entrenar el oído.

Editorial y fotografías por Valentina Álvarez para uso en Yucatán Today