La gran variedad de platillos (el siempre refrescante tabule, los deliciosos kibis o el kafta), al igual que la cultura del esfuerzo y trabajo diario, así como la disciplina del ahorro son algunos de los legados más preciados de la inmigración árabe a Yucatán.

Platicamos con el propietario del restaurante bar Patio 57 (antes Alberto’s Continental), Don Alberto, un carismático y orgulloso descendiente de libaneses que nos comparte la historia de la llegada de su bisabuelo, Santiago Jacobo, hacia 1894 desde Siria (antes de que existiera Líbano como lo conocemos hoy día).

Al igual que muchos árabes que emigraron huyendo de la persecución política y religiosa del Imperio Otomano, Santiago arribó al puerto de Sisal luego de 4 meses de viaje en barco. “Con una moneda, sin hablar el idioma ni saber leer, un joven de poco más de 30 años llegó a Yucatán sin saber dónde estaba. Así comenzó mi origen en esta tierra yucateca”, señala Don Alberto.

Como resultado de la invasión otomana a territorio del Medio Oriente (en lo que hoy abarca Siria, Palestina y Líbano), las condiciones para sus habitantes se volvieron críticas.  Aunado a esto, la persecución para quienes profesaban la religión maronita orilló a los varones jefes de familia a buscar rutas de escape. Muchos se subieron a los barcos cargueros y trabajaban en éstos hasta llegar a algún puerto. Los llamaban turcos porque ese era el pasaporte que les otorgaba el Imperio Otomano.

“No sé cómo se dio a entender, pero fue su gran voluntad y el apoyo de un paisano árabe, dueño de una tienda, quien lo acogió y le dio trabajo en Izamal. Con telas en sus hombros se dedicó al comercio ambulante en las villas y así aprendió el maya y el español”, platica Don Alberto de su bisabuelo.  Don Santiago llegó a tener su propia tienda de telas, y así logró reunir los ahorros suficientes para traer a su hija Rafaela con su esposo Salvador Abdala. Ambos arribaron a Sisal y al día siguiente nació su primogénita en tierras yucatecas, la madre de Alberto, quien varios años después se casó con Miguel Salum.

Don Alberto Salum Abdala y sus cuatro hermanos se dedicaron a estudiar y por supuesto aprendieron el arte del comercio y a disfrutar los exquisitos platillos árabes. Don Alberto estudió odontología hasta que la llamada del destino lo inclinó hacia el comercio restaurantero, logrando ser el administrador de la cafetería del Hotel Caribe, ubicado en el Parque Hidalgo junto al Teatro Fantasio, con tan solo poco más de 20 años de edad.

Mérida siempre se ha distinguido por ser el epicentro cultural y artístico de la Península. El Teatro Fantasio durante muchos años fue sede de numerosas obras de teatro y visitas de artistas que se hospedaban en el famoso Hotel Caribe, ambos en la calle 60 con 59. Además, solía ser el punto de encuentro para los “peloteros” (jugadores de béisbol).

Don Alberto, junto con sus hermanos, se dedicó durante más de tres años a la cafetería, convirtiéndola en un negocio famoso y exitoso, gracias a su carisma y a los platillos preparados con un sazón único. Esto llamó la atención de una pareja de extranjeros que lo invitaron a trabajar en Palo Alto, Estados Unidos. Ahí, durante otros tres años Alberto combinó trabajos en el área restaurantera con los de técnico dental, logrando ahorrar y al regresar a Mérida decidido a adquirir su propio restaurante con lo que mejor sabía hacer: comida árabe con un toque yucateco. Así nació Alberto’s Continental, hoy Patio 57, en la esquina de Calle 57 x 64 en el Centro de Mérida.

Platicar con Don Alberto es una delicia, sus miles de anécdotas históricas, culinarias y sociales, así como un carisma único te ayudan a entender el gran éxito que tiene en el sector restaurantero con una trayectoria de más de 50 años.  Siempre se acercará a tu mesa y no dudes en preguntarle sobre la comida y la vida. Simplemente te atrapará sin importar tu edad o idioma, seguramente como herencia de su bisabuelo, mantiene en sus genes la habilidad para tratar a las personas.

En Patio 57, encuentras una vegetación asombrosa en la terraza, objetos de arte, detalles únicos y mucha historia, ya que por sus mesas han desfilado artistas, políticos y embajadores, todos siempre atendidos de manera personal por Don Alberto, quien te recibe con una sonrisa franca y la disposición para traer a tu mesa recetas inventadas por él mismo. Lo más famoso es el plato árabe combinado, para que pruebes un poco de todo, así como el pescado relleno de camarones; pide también los platillos de comida regional yucateca. El ambiente tranquilo y relajado completa el panorama para un almuerzo o cena inolvidable.

Mérida es mi hogar y solo puedo agradecerle a esta ciudad y a todos lo que me han ayudado a lo largo de tantos años. Invito a las nuevas generaciones a disfrutar de todo lo que ofrece Patio 57“, concluye Alberto.

Por Violeta H. Cantarell

 

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