Entre los mayas hay leyendas relacionadas con grandes ciudades, como la del enano de Uxmal que cuenta cómo se construyó este sitio en una sola noche; así como de animales de la región, como la del maquech (escarabajo) que fue convertido en un insecto para estar siempre cerca de su amada, o la del pájaro dziú y la semilla del maíz, entre muchas otras. 

Es a través de estos cuentos y leyendas que puedes conocer un poco más de la vida como la veían los mayas. En esta ocasión se trata de la leyenda popular del chom o zopilote, ave que fue castigada por su comportamiento y por casi arruinar un festejo para los dioses.

Conocemos a los zopilotes como aves negras de rapiña, que sólo bajan a comer animales muertos o basura. Muchas veces los despreciamos, pero cumplen una función importante –  servir como carroñeros. Sin embargo, no siempre fue así. Según la leyenda eran aves con plumaje de colores, muy diferentes a como los conocemos hoy día. 

 ¿Quieres conocer la historia? Presta atención y activa tu imaginación.

Cuenta la leyenda que un día el rey de Uxmal decidió dar una gran fiesta para su dios, Hunab Ku (“El señor que nos da la vida, Padre de lo todo lo creado”). Ordenó a los cocineros del palacio preparar una lista de exquisitos platillos: carnes, pescados, frutas, verduras y aguas frescas.

 

Como era un día muy bonito, fresco y soleado, el rey ordenó que se sirviera el banquete en la terraza de su palacio. Desde ahí, se podía admirar la hermosa ciudad de Uxmal. Mientras cumplían sus órdenes, se retiró a sus aposentos para ponerse sus mejores galas.

En los árboles que rodeaban la ciudad vivían unos pájaros muy bellos conocidos como choms. Tenían un plumaje multicolor y una cresta ondulada en la cabeza. No sólo eran hermosos; les encantaba comer. Al ver que nadie vigilaba, aterrizaron en la terraza y, en un abrir y cerrar de ojos, no contentos con acabarse el banquete, provocaron un espantoso tiradero de cazuelas, jícaras y adornos florales: un verdadero desastre.

 Cuando el rey salió a la terraza, el espectáculo era tal, que se puso rojo de furia.

 “¡Maten a esos pájaros!” gritó a sus soldados.

Pero los choms se echaron a volar, y lo hacían tan alto que ni flechas ni cerbatanas los alcanzaban. “Esto no puede quedar sin castigo”, dijo el rey.  Y ordenó a sus sacerdotes y hechiceros buscar la manera de hacerles pagar a los pájaros la fechoría cometida. Éstos, revoloteando en lo alto del cielo de Uxmal, se burlaban del rey y de su pueblo.

Los hombres sabios recogieron unas cuantas plumas que los choms dejaron caer y las quemaron en un brasero: poco a poco se volvieron negras como la noche más tétrica. Al quedar reducidas a cenizas, uno de los hechiceros las arrojó a una vasija llena de agua mágica, convirtiéndolo en una sopa sombría más oscurecida que un caldo de frijol.

“Preparen otra vez el banquete” ordenaron los sacerdotes a los sirvientes del rey. Y así lo hicieron.

En cuanto la terraza quedó sola, la bandada de choms volvió a descender sobre ella, dispuesta a acabar con toda la comida otra vez.  Mientras las aves se hartaban, los sacerdotes, que se habían escondido, aparecieron de repente, arrojando el agua oscura sobre los pájaros.

“Han profanado el banquete en honor a nuestro dios. Por eso, jamás volverán a probar alimentos deliciosos. Desde hoy, solo se alimentarán de animales muertos y basura”. Los hechizaron.

Y como si el castigo fuera poco, el agua negra, al caer sobre los pájaros, tiñó su plumaje de este color. Chorreando agua negra, los choms alzaron el vuelo hacia el sol, esperando que éste los secara. Pero el señor Hunab Ku dispuso que el sol les calcinara la elegante cresta.

Los pájaros sintieron que sus cabezas echaban humo y bajaron rápidamente a un cenote para refrescarse. Los pobres se sorprendieron al ver que el agua sólo reflejaba la imagen de unos grandes pájaros negros, de plumaje opaco y reseco, con la cabeza pelona.

Se dice que, desde entonces, los choms vuelan muy alto para que nadie se burle de ellos… Y son los últimos en bajar a comer para que no los vean. Por eso llegan cuando sólo quedan restos y basura.

Con información de “Los mayas para niños” y Biblioteca ILCE.

 

Editorial por Violeta H. Cantarell
Fotografía por Roger Marin y Yucatán Today para su uso en Yucatán Today

Esta entrada también está disponible en: EN