Si quieres ampliar tus horizontes, conocer un pueblo bonito y disfrutar de una visita a una hacienda, esta excursión puede ser perfecta para ti.

 

Agarra tu traje de baño, una toalla, unos zapatos cómodos y tal vez una nevera para tus bebidas. Después, súbete al coche, dirígete a la salida a Cancún por el Periférico de Mérida y conduce hasta justo antes del retén militarizado. Allí, desvíate a la derecha por la Carretera Mérida – Chetumal. No llegarás hasta la poco turística capital de Quintana Roo; lo más lejos que llegarás es un poco más allá de Tecoh.

 

Tecoh

 

Tecoh significa en maya “el lugar del puma” (“Coh” significa puma y “Te”, lugar). Cuando tomes la salida, notarás que la entrada es bonita, con mucha vegetación a ambos lados de la carretera y rocas cuidadosamente pintadas. Una vez que te encuentres en el Centro de este pequeño pueblo, detente un momento, toma algunas fotos de la linda iglesia – construida sobre la base de lo que fue una estructura maya – y disfruta de la vista del Palacio Municipal – recién pintado de amarillo – y el mercado. Fíjate en la piedra que hay en el exterior de la iglesia: tiene una inscripción en latín. He aquí una actividad familiar divertida: que los niños intenten descifrar su significado.

 

 

La iglesia sólo se puede visitar a ciertas horas del día ingresando por sus puertas laterales. Una vez que la hayas admirado, dirígete al mercado. Tiene un poco de todo, incluyendo un gran número de mestizas en Hipiles, tanto comprando como vendiendo. Si sonríes, recibirás una sonrisa aún más grande. Prueba saludar en maya, diciendo “Ma’alob K’iin” (buenos días), y serás prácticamente aceptado como parte de la familia. Y no olvides comprar algo: un tamal para disfrutar allí, algo de fruta fresca para después, verduras para llevarte a casa, miel o flores. Comprar algo te convierte en un participante bienvenido, en lugar de ser solo un turista de paso que toma fotos. La experiencia en un entorno como éste será mejor aún si te integras al día a día de los locales, aunque sólo sea por un momento.

 

Y ahora, ¡volvamos a nuestro viaje!

 

Hacienda Sabacché

Continuarás tu camino más allá de Tecoh y su encantador mercado hacia Sabacché, un poblado construido alrededor de una antigua hacienda henequenera en la ruta entre Tecoh y San Pedro Ochil. Busca la salida a Ochil desde la carretera en la que estabas antes, pero ten en cuenta que – dependiendo de la salida que tomes – puede que tengas que regresar y tomar un retorno para encontrarla.

 

El trayecto se realiza por una carretera bien pavimentada, aunque bastante estrecha, que está llena de una exuberante vegetación gracias a la temporada de lluvias que vivimos al momento de escribir este artículo. En el kilómetro 13 se llega a la Hacienda Sabacché; puedes atravesar su puerta principal, flanqueada por pilares de piedra.

 

Una vez en la hacienda, te recomiendo hacer un recorrido por los jardines y edificios. Aprenderás mucho sobre la historia no sólo de la hacienda en sí, sino de todo el sistema de haciendas, la industria henequenera e incluso de Yucatán. Al igual que muchas otras haciendas, Sabacché comenzó como un rancho ganadero a finales del siglo XVI; posteriormente se dedicó al cultivo del henequén durante el auge de este material hasta ser abandonada en la década de 1970. Aunque sepas mucho sobre Yucatán, es interesante conocer detalles que no aparecen en los libros. El recorrido, con su intensa lección de historia, no sólo trata de la “Era del Oro Verde”; sino también incluye paradas para observar y platicar sobre los numerosos arbustos, árboles y flores.

 

Verás, los propietarios de Sabacché, Arturo y Francisco Novelo, han pasado los últimos 22 años restaurando las estructuras, pero también 40 años replantando y asegurando la recuperación de muchas especies endémicas de flora que se perdieron durante décadas de un destructivo monocultivo de henequén. Hay 56 especies de árboles, tanto frutales como ornamentales, así como 26 tipos de orquídeas y otras variedades más pequeñas de plantas que no sólo se han replantado, sino que están prosperando. Si te preocupa el planeta o te interesan las plantas, esta parte de la visita es para ti. ¡Lo que están haciendo es realmente admirable!

 

 

Una vez completado el recorrido a pie por los terrenos, puedes tomar una bebida en el bar, pedir tu comida – tienen un menú yucateco tradicional – a uno de los amables empleados e ir a explorar el cenote. La hacienda cuenta con una piscina para toda la familia y un enorme cenote virgen, con golondrinas y uno que otro murciélago (duermen durante el día) revoloteando por encima. El efecto de flotar en sus aguas maravillosamente refrescantes es de otro mundo.

 

Tras tu chapuzón, vuelve al restaurante y disfruta de una estupenda comida. El Poc Chuc es excelente, al igual que los Lomitos de Valladolid. Ambos son de cerdo, pero también hay otras opciones. Deja espacio para el flan que aquí es especialmente bueno.

 

Si lo deseas, quédate ahí para relajarte, visitar la piscina y tomar algún otro refrigerio antes de iniciar el viaje de 1 hora y 15 minutos de vuelta a la “gran ciudad”.

 

 

Editorial por Ralf Hollmann
Yucateco nacido en Alemania y criado en Canadá, con estudios en Hotelería y Turismo por el Instituto Tecnológico de Columbia Británica. Ralf cuenta con experiencia en turismo de ocio, periodismo, investigación, edición, redacción y escritura creativa. También es músico.

 

 

Fotografía por Ralf Hollmann para su uso en Yucatán Today.

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