Ya pasó la temporada de ciclones, la época del Hanal Pixan, el calor ha aminorado y se aproxima la Navidad. Eso quiere decir que es momento de organizarme con mi banda de amistades y prepararnos para la rama. ¡Qué emoción me daba esta época del año cuando era chiquita! Nos reuníamos en alguna casa y salíamos a caminar por el pueblo a escoger una rama bonita y unas palmas para decorar. La pintábamos y le poníamos adornos navideños, globos y cualquier otra ocurrencia.

La tradición incluye un altarcito a la Virgen de Guadalupe que creábamos con una caja de zapatos y decorábamos con lentejuelas y flores. Alguien del grupo se encargaría de llevar una veladora para acompañar nuestra peregrinación. Pararme a cantar de casa en casa me daba muchos nervios, los cuales se convertían en un ataque de risa, hasta que los pellizcos y manotazos de mis amistades me recordaban que debía enfocarme, porque era elemental juntar monedas en nuestra lata. Al llegar a la puerta de una casa, comenzábamos a cantar:

“Me paro en la puerta, me quito el sombrero
porque en esta casa vive un caballero.
Vive un caballero, vive un general
y nos da permiso para comenzar.
Naranjas y limas, limas y limones…”

La rama es una tradición con la que crecimos en Yucatán (así como en otros estados de México y países caribeños). Si vas a pueblear por el estado entre el 1 y el 23 de diciembre, es probable que en la noche veas a estos grupos de niños que van por las casas, por el parque y el mercado, cantando una serie de villancicos que terminan pidiendo un aguinaldo. Si reciben unas moneditas, la rama concluye con:

“ya se va la rama muy agradecida
porque en esta casa fue bien recibida”

De no ser así, la rama se va cantando:

“Ya se va la rama muy desconsolada
porque en esta casa no le dieron nada”

Con el aguinaldo que se junta los niños pueden planear su posada (una fiesta navideña que también es costumbre en esta época). Estas tradiciones, además de lindas, nos daban la oportunidad de ser creativos, de convivir con personas distintas en el pueblo, organizarnos y lanzarnos a la aventura. Cuando no teníamos celulares, y menos de los que ahora dicen ser más inteligentes que uno, nuestra imaginación y libertad nos llevaban a pasear a esa rama entre risas, cantos y la ilusión de poder ganarnos lo necesario para nuestra celebración. Si te llegas a topar con una, no tengas miedo de cantar algún verso y apoyar a los jóvenes empresarios en su festividad.

 

 

Editorial por Andrea Medina
Fotografía de Andrea Mier y Teran para su uso en Yucatán Today

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