Para un escape maravilloso, considere pasar unos días en Hacienda Chichen Resort y Yaxkin Spa. Es un lugar muy especial, con acceso fácil a las ruinas y cenotes cercanos. La revista National Geographic Traveler Magazine incluye este hotel en su lista de lugares para hospedarse “Stay List” 2009. Esta hacienda es un hotel de cinco estrellas con una misión única. Su geo-visión y misión: “trabajando juntos para servir a nuestros huéspedes con corazones cariñosos, compartiendo nuestras tradiciones y valores Mayas… uniendo hospitalidad, comunidades, conservación y opciones de viaje sustentables.”

Cuando llegamos a la hacienda al mediodía, recibimos una bienvenida amigable en el área fresca de la recepción en el edificio central. Nos acompañaron a nuestra suite adentro de los jardines tropicales. Los jardines son exuberantes, con muchísimas aves y flores. Inmediatamente después de entrar a nuestra habitación, alguien tocó a la puerta, y apareció un mesero con dos bebidas hermosas para una bienvenida más. Estas bebidas especiales se elaboraron con chaya orgánica con jugo de piña y hielo. Fue delicioso después de manejarse desde Mérida en la carretera.

Después de deshacer nuestro equipaje, caminamos a la casa hacienda para encontrar el comedor y almorzar. Hay mesas adentro, pero escogimos la terraza, donde nuestra mesa tenía vista de los jardines y pudimos ver todas las flores y escuchar las canciones de las aves.

Para la entrada pedimos crepas de huitlacoche, una trufa que crece en el maíz. Si puede imaginar un champiñón suave con sabor de maíz, esto es. Las crepas fueron servidas como pequeños manojos atados con un pedazo de hierba. Esta fue una manera delicada, sabrosa de empezar lo que fue un fin de semana de deleites culinarios.

Para el plato principal escogimos ensaladas: una con pollo a la parrilla servida sobre verduras orgánicas y un aderezo de vinagre balsámico; y la otra una selección de verduras orgánicas con pecanas y un aderezo de vinagre y miel. Acompañamos todo esto con pan horneado de la casa y todavía caliente. Una comida de mediodía perfecta.

Después de nuestra comida relajada, fui al Yaxkin Spa para mi experiencia de masaje. Beatriz Correa, la directora de Yaxkin Spa, es la única persona no Maya que tiene título de Terapeuta Maya Holística de la Universidad Internacional de Ciencia y Tecnología Maya. Ella personalmente prepara todos los tratamientos herbales para cada visitante al spa, de ingredientes orgánicos cosechados en la hacienda. Ella bendice los ingredientes y pide a los dioses que permitan que las hierbas tengan eficacia para la persona que va a recibir sus poderes curativos. Sabiendo que Yaxkin Spa está en la lista de los diez mejores eco-spas del mundo según la revista Conde Nast Traveler, y la lista de los diez mejores destinos de bienestar de la América del Norte de National Geographic Traveler, yo sabía que me esperaba un placer. No estuve decepcionada.

El propósito de los tratamientos variados disponibles en Yaxkin Spa es la liberación del estrés. Vivimos en un mundo con mucha prisa, y los Mayas nos enseñan a sentarse tranquilo y observar la naturaleza. La visita al spa permite tener un momento de paz, mientras extrae las toxinas del cuerpo. Permite pensar y crear en una manera mejor.

Elegí el masaje Yatsil, un tratamiento refrescante de 50 minutos, perfecto en esta temporada de calor. Mi masajista fue Marcela, quien, junto con Beatriz, empezó mi sesión con una bendición del agua y los otros elementos. Me invitaron a escoger algunas piedras como un recuerdo de mi visita, y para siempre recordar que “todo está adentro de nosotros”. Tomé algunos momentos para observar mis alrededores: una habitación con dos mesas de masaje, y flores, hierbas, y velas por todas partes. La música tranquila ayudó crear un ambiente relajado. Me invitaron a tomar unas flores amarillas hermosas y fragrantes, y pensar en algo que deseo para mi futuro.

Cuando fue tiempo para empezar mi masaje, entré al área de vestir y escogí una bata ligera roja. Me acosté en la mesa de masaje con la cara hacia abajo, y Marcela empezó mi masaje. Mis pies, piernas, espalda, hombros, y brazos recibieron un masaje vigorizante con aceite de uvas infundido con romero. Luego aplicó una capa de aloe vera orgánica recién prensada, una terapia excelente para la piel quemada del sol o piel sensible. Después cubrió mi piel con hojas suaves. Después, me limpió con un te herbal y me acosté sobre la espalda. Otra vez mis pies, piernas, manos y brazos recibieron el mismo tratamiento, y mi pecho, cuello, y cara recibieron otro tratamiento especial: una capa de miel orgánica, como limpiadora, hidratante, y desintoxicante. Después de todo esto, mis pies recibieron un “spray” de esencia de orquídea, y mi cuero cabelludo recibió un masaje con esencia de la corteza de un árbol local. Salí del spa sintiendome rejuvenecida y relajada, llevando conmigo mis flores y piedras.

Después de una siesta relajada, fuimos al comedor para cenar. Pedimos una crema de chaya y una sopa de lima; las dos completamente perfectas. Para el plato fuerte pedimos una pechuga de pollo rellena de verduras con una salsa de chipotle y miel, y el clásico yucateco poc chuc. Los dos fueron lleno de sabor y exquisitos. Para postre pedimos un pastel de chocolate con helado de coco, y un pastel blanco con helados de chocolate, coco, y vainilla. ¡Divinos!

La siguiente mañana desayunamos temprano para poder llegar a las ruinas antes de que haya demasiado calor. Mi capuchino fue uno de los mejores que he tenido en mi vida. Pedimos platos de frutas orgánicas, y vasos de jugo de naranja natural recién exprimido. Después pedimos huevos motuleños y un omelet de chaya, champiñones y queso, servido con crujiente papa con queso de cabra. Obviamente, estábamos listos para el día después de este desayuno del cielo.

Hacienda Chichen Resort está solamente 5 minutos caminando de las ruinas de Chichén Itzá. Cuando llegamos, tuvimos una experiencia muy diferente que cualquiera otra persona: ¡no había gente! Desde punto de vista económico, el impacto del temor de influenza ha dañado muchísimo el turismo en México. Pero nosotros fuimos los beneficiarios confiados de esta tragedia; no había más de 20 personas en el sitio. Sin la multitud usual de gente, fue muy fácil transportarnos al pasado e imaginar la vida como fue hace cientos de años. Pero tenemos la esperanza que los visitantes regresarán pronto para que la economía pueda empezar a recuperarse. Esto fue muy claro cuando encontramos a una niña de nueve años vendiendo pañuelos bordados hechos a mano cerca de uno de los templos en el sitio. Era una niña bonita, pero parecía cansada… tenía un porte y voz de una persona grande. Compramos dos de sus pañuelos. Estaba encantada de posar para una foto.

Después de nuestra visita a las ruinas, subimos al coche y salimos para nuestra visita de dos cenotes. Empezamos en el Cenote Yokdzonot, 15 km. al poniente de Chichén Itzá. Es una historia de éxito increíble: como nos explicó Doña Antonia, en 2005, 60 residentes locales decidieron formar una cooperación y limpiar su cenote y prepararlo para visitantes, con pasajes y escaleras ofreciendo acceso al cenote, y un restaurante pequeño y amenidades para el camping. Fue una labor bruta: muchos de los miembros de la cooperación dejaron el grupo. Pero cuando abrieron el cenote en enero de 2007, con una membresía en la cooperación de 17, con mucho orgullo invitaron a los visitantes a su lugar especial. Hoy en día, estos 17 miembros, 12 mujeres y 5 hombres, hacen todo el trabajo de mantener el cenote: en la entrada, la limpieza del cenote, y preparando y sirviendo la comida en el restaurante. Nadamos en el cenote, y fuimos los únicos visitantes. Es un lugar mágico, sencillo y rústico, y fue una experiencia increíble. La entrada es de 20 pesos.

Luego seguimos al Cenote Ik-kil. Es una experiencia muy diferente: igual de belleza, pero con amenidades de lujo. Si quieres nadar en un cenote con una bonita cascada de agua, donde puedes encontrar áreas para cambiarse de ropa, una tienda de artesanías, y un buffet de comida yucateca en un restaurante bonito, este es el lugar perfecto. La entrada es de 70 pesos.

Nuestra última parada en este fin de semana tranquila fue la tienda hermosa de artesanías en la Hacienda Chichen Resort. Joyería, bolsas, ropa, y cerámica hermosa está disponible aquí, pero no son productos usuales. Artesanos locales Mayas crearon cada pieza, y la exhibición de los objetos es como en una galería de arte. Comprando algo aquí ayuda a los residentes locales. Compramos una replica de un jarrón Maya para llevar a casa, para siempre recordar nuestra visita perfecta a Chichén Itzá.

por Juanita Stein

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