A veces es necesario soltar las riendas, bajarle al paso y dejar que alguien más tome una desviación en el camino. Terminamos recorriendo los caminos más allá de Izamal… por mucho. Si eres tantito como yo, te acomodarás en tu asiento con media oreja en la jocosa conversación de tus compañeros de viaje. El resto de tu atención se perderá en el verde paisaje espolvoreado de rojo, hay flamboyanes en todo el camino. 

 

Cenotillo: Cenote y Polcanes

 

Nuestra primera parada fue en Cenotillo, un pequeño pueblo a poco menos de dos horas de Mérida. Aquí los cenotes están a la orden del día, de hecho, a este municipio se le conoce como “La Ciudad de los Cenotes”. Ya nos podemos imaginar cuántos hay en los alrededores.

 

Después de una merecida parada a un Super Willy’s, por eso del hambre en carretera, nos encontramos con nuestras guías de Alianza Ambiental Tsoonot Kaaj para iniciar el tour de unos cuatro kilómetros en bicicleta hasta llegar al cenote Xooch. ¿Lo tuyo no es la bicicleta? No te preocupes. Es posible acceder en vehículo, como hice yo. 

 

El parador del cenote es rústico, alejado de todo ruido urbano – la mayoría de los celulares no tienen señal – y cuenta con baños y vestidores; te recomiendo llevar una lámpara o utilizar la lámpara de tu celular para iluminarlos. También hay chalecos salvavidas de diversos tamaños, equípate con uno de ellos. El cenote Xooch no tiene corrientes, pero nadar de un extremo a otro – son aproximadamente 60 metros de diámetro – te dejará con el corazón agitado. 

 

 

Diría sin aliento… sin embargo, así te dejará el cenote en sí. Una vez que bajas por su escalera de quince metros y aterrizas en la base de roca, se abre un nuevo mundo a tu alrededor. El agua es de un claro azul vibrante, siempre. Las raíces cuelgan por la boca de este cenote semi-cerrado y los pájaros vuelan en lo alto. Si vas entre mayo y agosto quedarás encantado con la cantidad de pájaros Toh que están viviendo por ahí. ¡A donde voltees encontrarás uno!

 

Zambúyete en las refrescantes aguas del cenote 30, 40, 60 minutos. Estuvimos más tiempo de lo estipulado y terminamos atrasándonos a lo grande, pero finalmente llegamos al restaurante y las cabañas de la Alianza Ambiental. Allí nos sirvieron unos deliciosos polcanes recién hechos, crujientes, acompañados de sus debidas salsas y una limonada dulce. Un delicioso broche de oro para la primera parada.

 

Espita

 

Dicen que Espita es tranquilo. ¿La realidad? Es mucho más que eso, se siente la paz al explorar las calles flanqueadas por edificios coloniales. Este ambiente relajado se palpa todavía más en el interior del hotel boutique Casona los Cedros, refugio elegido para terminar nuestra aventura. 

 

Este es un proyecto que vino a inyectar vida a una casa colonial con décadas de abandono. Hoy es un oasis para las personas que buscamos soltar las maletas y disfrutar de unos mimos rodeados de vibrante vegetación. Casona los Cedros se caracteriza por integrar elementos locales para crear esta atmósfera única. La construcción tiene un acabado de Chukum y sus muebles de madera de cedro provienen de carpinterías en Espita. Créeme, abrir las puertas de cada una de sus habitaciones es ser recibido por una ola fresca con un aroma leñoso. 

 

 

Es demasiado tentador encerrarte en la habitación y dormir largo y tendido para cargar baterías, pero regresa al área común del hotel. En específico, al restaurante. Lo agradecerás después de probar los platillos. Aunque gourmet, su esencia está en la cocina yucateca e ingredientes frescos de la región, provenientes del huerto propio y pueblos a la redonda.

 

Finalmente, tocó aplacar el hambre con unos platillos al centro. Se veían exóticos y coloridos. Usualmente preferiría no saber cuáles son sus ingredientes, en este caso fue todo lo contrario. No para intentar repetirlo en casa, porque eso está más allá de mis (inexistentes) habilidades culinarias, sino para intentar comprender cómo se conforma un sabor tan delicioso y peculiar. ¡Único!

 

Comimos una ensalada fresca con jitomate local, aguacate y burrata de Sucilá; ensalada de betabel con una emulsión de naranja agria y lima, flores de pepino y hojas frescas del jardín; tostadas asadas a la leña, pilar del restaurante de Casona los Cedros; y un guacamole tatemado con salsa macha. ¡Recomendación! Acompaña los platillos con uno de sus cocteles.

 

 

Desgraciadamente, tuvimos que compartir los platillos. A mí me hubiese encantado acabarme las tostadas y el guac y la ensalada con burrata y… ajá, todo yo sola. 

 

La vista desde el restaurante es a la terraza o a la piscina infinita, en ambos casos con la naturaleza de fondo. Disfruta un rato de la vista, conversa con tus compañeros de viaje y si no tienes prisa por regresar a base, lánzate a explorar Espita una vez más.

 

Contacto:

Alianza Ambiental Tsoonot Kaaj

Cel.  9911 03 83 53 y 9991 11 1054
FB: Alianza ambiental Tsonoot Kaaj Cenotillo

 

Casona los Cedros

Calle 26 #199 23 x 25, Centro, Espita
WhatsApp: 9992 49 21 91
IG: Casona los Cedros

 

 

Editorial por Olivia Camarena
Comunicóloga yucateca. Tu Assistant Editor favorita. Escritora, blogger y bookstagrammer en su tiempo libre; experimenta con TikTok.

 

 

Fotografías por Olivia Camarena para su uso en Yucatán Today.

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