Este verano será distinto; de eso no cabe duda. Normalmente estaríamos hablando de explorar cada rincón de Yucatán, nuestros hoteles y costas estarían inundados de visitantes y nosotros estaríamos llegando a la oficina con un súper bronceado después de un fin de semana en Progreso.

Cientos de palmeras de coco enmarcan San Crisanto, un pueblo pesquero, alejado de la ciudad, con agua cristalina y arena blanca. Es parte de la Costa Esmeralda, que va desde Puerto Progreso hasta Dzilam de Bravo. Además de vistas privilegiadas en su balneario y casitas ecologicas, tiene miles de metros de manglares y 45 cenotes. Y este mes, es nuestra portada.

El estado comienza a abrirse poco a poco y todos estamos en la orilla de nuestras sillas esperando y preguntándonos qué va a pasar. Nadie tiene una respuesta definitiva, ni nos puede decir con seguridad que le depara el futuro a Yucatán (o al mundo).  Al momento de escribir este artículo, una visita a San Crisanto no es posible. Sin embargo, todos los días tenemos nueva información y ¿quién sabe? Quizá pronto podamos rentar una casa con nuestra familia en una de las playas de Yucatán y tener unas vacaciones con distanciamiento social incluido.

A finales de los ochentas, hubo una terrible plaga de amarillamiento en el estado que llegó de Cozumel, cruzó Holbox y Dzilam de Bravo hasta llegar a San Crisanto, causando que sucumbieran muchos cocoteros en la costa. A San Crisanto, que siempre ha sido un semillero de palmeras, le pegó particularmente fuerte ya que vive de la producción de coco. A pesar de que esta plaga dejó a este pueblo sin palmeras y desilusionado, hoy está más lleno de cocoteros que nunca. El poblado persistió, se recuperó y ahora esta es una historia difícil de creer.

Caminar en la arena, disfrutar de mariscos mientras ves el oleaje, ir a comer con tus amigos a un restaurante y gozar de las noches de verano son esas pequeñas cosas que dábamos por sentado. Estos meses se llenarán de calor como todos los años aunque tal vez no tanto de gente. Es hora de disfrutar las cosas pequeñas, los detalles, esos momentos con nuestros seres cercanos y cada mordida de nuestros postres veraniegos favoritos.

Planeo llenar mi verano de estos pequeños instantes y abrazarlos (metafóricamente porque sana distancia) más que nunca. Si algo podemos aprender de San Crisanto es que esto también pasará – que la vida llenará nuestras playas de cocoteros una vez más. 

 

Playa Zac-Ha: pasadía y acampar
K’anab-Nah: hospedaje
Paseos por los manglares
Tel.  999 926 0236 (Mérida)
Tel. 991 105 3710 (San Crisanto)
www.sancrisanto.org

 

 

 


Editorial p
or Greta Garrett
Editora asistente/villana de caricatura

 

 

 

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