Desde chiquita he visto a los árboles como unos abuelos grandotes que nos cuidan, observan, guían y protegen. El haber crecido en un rancho me dio la oportunidad de tocarlos, treparme en ellos y tener una relación cercana. En los viajes que dábamos a Mérida u otros lugares, me encantaba ver por la ventana y fijarme en sus tamaños, las hojas, la floración, los colores y sus cambios a través de las estaciones del año. Tuve aquellos que eran mis favoritos y gozaba “verlos pasar” en el camino.

El árbol de jabín

Mi papá me ha ido contando sobre los multiusos del jabín (Piscidia piscipula (L) Sarg.) como se le conoce en lengua maya. El jabín puede medir hasta 20 metros y su tronco – con una corteza fisurada – forma todo tipo de figuras. Lo puedes identificar fácilmente durante la primavera, pues entre febrero y mayo se llena de flores de pétalos blancos con rosados o morados. Su floración produce un néctar muy apreciado, la miel “del jabín”, una miel blanca de muy buena calidad que no se cristaliza.  Los mayas utilizan la miel para endulzar el pozole que es una bebida refrescante de masa de maíz, cal y agua; y puede ser salado también con una pizca de sal. La utilizan también para sanar resfriados, dolor de garganta, quemaduras y cortaduras.

Los pájaros agradecen al jabín por los nidos que en él pueden construir y se dedican a propagar su semilla para que continúe el ciclo de vida. Los artesanos que tallan la madera haciendo figurillas, muebles y otros artefactos, aprecian lo bella que es la madera con sus vetas y “rayitas” que plasman sus años, su vida, su fuerza.

La madera del jabín

Sin embargo, admirar su belleza y dulzura es poco a comparación de lo que lleva dentro. El jabín es una madera dura indispensable para la construcción. Se utiliza como pilares de casas y vigas de techos. Si observas las construcciones de las casas mayas, verás la importancia del jabín para crear las estructuras. También se construyen postes que soportan grandes pesos. Es una madera resistente que se utiliza para las patas de las carretas y, por ser una madera curveada, se utiliza para las costillas de barcos de madera. Desde épocas antiguas, los mayas supieron aprovechar los múltiples usos del jabín y han pasado el conocimiento generación tras generación por medio de la tradición oral.

En los pueblos, el jabín se aprovecha también como leña y como calefacción, quemándolo sobre un pedazo de lámina debajo de las hamacas para mantener calientita la casa, pues su consumo es lento. Es aquí donde el jabín tiene magia: ¿sabías que una vez encendido como leña, se le puede apagar para que no se consuma y volver a encender con solamente abanicarlo? Esta es una cualidad que pocas personas conocen y que, gracias al conocimiento de los pueblos originarios, se ha mantenida viva la tradición.

Mi papá cuenta historias de cómo los bucaneros mantenían la carne de cerdo hasta por 60 días marinada con el humo de las hojas de jabín, roble y guayaba al fuego. Y, por si fuera poco, actualmente sus hojas han sido estudiadas por sus propiedades medicinales como sedante y para trastornos respiratorios.

¡Qué tal todo lo que es el bello jabín! Te invito a conocerlo y disfrutar alguno de sus dones y a preguntar sobre sus usos cuando visites los pueblos de la región.

Editorial por Andrea Medina Riancho y Alejandro Medina Riancho
Fotografía por Andrea Mier y Terán para uso en Yucatán Today.

 

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