Amazona albifrons, Sac pol T’uut (Maya)

Ack! Ack! Ack! Las llamadas de contacto de 49 Loros Frentiblancos llenaron la puesta de sol el 20 de noviembre de 2013, el rebaño voló hacia el sur sobre la Colonia Santiago, un barrio de Mérida, Yucatán. Los oí venir, pero nunca esperaba ver una bandada de ese tamaño en la ciudad. Hasta este año, había visto sólo 19, otros habían visto 24.

Los turistas y los residentes pueden ver y oirlos durante la mañana o durante los viajes nocturnos cuando vuelan sobre Paseo de Montejo y las numerosas colonias de Mérida. ¿No esas llamadas le dan autenticidad a una experiencia tropical? A diferencia de su primo más grande, la guacamaya roja, el loro de frente blanca carece de largas plumas en la cola. En cambio, su cola corta parece haber sido cortada con un machete. Cuando los veo volar, sus aleteos agitados parecen como si fueran artríticos.

Por la noche, la silenciosa bandada de loros anida en el follaje de sus árboles dormideros comunales. Al amanecer, vuelan a los árboles más expuestos y empiezan su fuerte coro mañanero. Tal vez comparten la ubicación de sus áreas de alimentación durante su reunión coral. Luego, la gran multitud se divide en bandadas pequeñas en diferentes direcciones para ir a alimentarse para el día.

Estas ruidosas especies van desde México hasta Costa Rica y parecen preferir el follaje de los bosques, los manglares, las áreas semi-abiertas de los bosques, sabanas y zonas agrícolas. Como herbívoros que son, se alimentan sobre todo de semillas y frutas.

Los sexos no se parecen, lo cual es un rasgo poco común entre la mayoría de los loros del Amazona. Ambos sexos tienen esa frente blanca similar a una coliflor, y son aproximadamente de un pie de largo, pero sólo el hombre tiene rojo en las alas.

Los científicos creen que las parejas de Loros Frentiblancos son monógamos y pueden permanecer juntos para toda la vida. El acicalamiento mutuo ayuda a mantener la unión de la pareja. Tanto el pico como la lengua carnosa, ayudan a limpiar las plumas y mantener la piel en buen estado. Por supuesto, los individuos también se acicalan a sí mismos.

Las parejas escogen cavidades en árboles o palmeras para poder anidar. La hembra incuba de dos a cinco crías después de 25 días. Ambos padres les brindan cuidado y la cría vuela en unos tres meses.

Aunque sólo me he referido al Loro Frentiblanco, aparentemente la Mérida “de loros” también tiene una bandada de Loros Rojos que escaparon de un aviario en 1988. También, documenté el Loro de Cabeza Amarilla mucho más grande, el 19 de noviembre de 2013. Ni el Loro Rojo, ni el Cabeza-Amarilla son indígenas del estado de Yucatán, y ambos son considerados fugitivos.

Escucha el ruidoso coro/Listen to the loud chorus:

http://macaulaylibrary.org/audio/144901

http://macaulaylibrary.org/audio/8406

Las maravillas de la naturaleza inspiran a Cherie Pittillo, una fotógrafa de la naturaleza, zoóloga y autora. Siga su amigable viaje de plumas mientras descubre las aves de la Península de Yucatán.

Editorial y fotografía por Cherie Pittillo para uso en Yucatán Today

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