Los antiguos mayas son conocidos en todo el mundo por sus grandes ciudades, una desarrollada civilización y pirámides que se elevan sobre el follaje de la selva. Desde que el interés por los mayas comenzó a surgir en el siglo XIX, los científicos y el público se han preguntado cómo los pueblos del sur de México y Centroamérica fueron capaces de lograr tanto.

 

No es necesario recurrir a teorías pseudocientíficas sobre la intervención alienígena o la ayuda de exploradores egipcios para explicar los éxitos de los mayas. Factores como la abundancia de agua y recursos naturales y el crecimiento de la población contribuyeron – sin duda – al proceso que llevó a los mayas de ser agricultores a pequeña escala a ser los artífices de una de las mayores civilizaciones de la historia.

 

Sin embargo, hay un factor que a menudo se pasa por alto: la precisión de su calendario. Quizá te preguntes por qué es tan importante tener un buen calendario para construir una civilización. Básicamente se reduce a la gestión del tiempo. Disponer de un calendario preciso permitía a los mayas saber cuándo atender las cosechas, cuándo construir y cuándo era mejor asignar los recursos para la guerra. También era importante llevar la cuenta de los días con importancia religiosa y predecir fenómenos astrológicos, como los eclipses.

 

Al igual que su sistema de escritura, los mayas probablemente desarrollaron su calendario basándose en los conocimientos heredados de la civilización olmeca. Con el tiempo, los mayas se apoyaron en estos y elaboraron un calendario sorprendentemente similar al nuestro. El calendario solar Habb se divide en 365 días (¿te suena?) compuestos por 18 meses de 20 días cada uno, con un período de cinco días de mala suerte al final. Este calendario era principalmente secular y se utilizaba sobre todo para llevar la cuenta de las estaciones y para la agricultura.

 

La Pirámide de Kukulkán en Chichén Itzá es vista por muchos como una representación gigante del calendario Habb, ya que tiene 364 escalones, con la plataforma en la cima contando como un paso final para completar 365. Los nombres de los meses del calendario Habb se representaban mediante jeroglíficos con significados relacionados a los fenómenos naturales que se esperaban. Por ejemplo, el séptimo mes se conocía como Yax’kin, que significa sol nuevo, y el noveno se llamaba Ch’en, o tormenta oscura.

 

Además del calendario Haab, los mayas también utilizaban otros sistemas de datación como el calendario sagrado Tzolk’in o Bucxok (de 260 días), el calendario lunar comprendido por 18 meses lunares y el calendario Noh Ek (Venus) que contaba con 854 días.

 

Quizá recuerdes todo el revuelo que se armó en torno a la supuesta profecía maya que decía que el mundo se acabaría en 2012. Esta idea tiene su origen en la malinterpretación del calendario maya de cuenta larga, que no se acaba y simplemente se reinicia cada 5,200 años. Se cree que este calendario es uno de los más antiguos del mundo y registra eventos que se remontan al año 3113 a.C. de nuestro calendario gregoriano contemporáneo.

 

 

Editorial por Carlos Rosado.

 

 

 

 

Fotografía por Yucatán Today para uso en Yucatán Today.

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