“Por fin hace suficiente calor para quejarse de que hace calor” —Anónimo.

 

En Yucatán, el debate entre “Team Frío” y “Team Calor” es cosa seria; probablemente porque el calor puede ser brutal, y el frío, aunque es poco frecuente, altera nuestra normalidad y nos obliga a cargar con más ropa (literalmente a cargar, porque son raros los días de frío en los que no hay que quitarse el suéter a medio día). 

 

A mí se me hace muy fácil disfrutar el frío. De hecho, en marzo, cuando el calor empieza a arreciar, pienso que estas temperaturas no son para mí y me declaro firmemente Team Frío. Sin embargo, conforme la vida aquí empieza a cambiar, empiezo a recordar por qué me gusta el calor yucateco. Empiezan a abundar los mangos, los mameyes y las huayas, y luego, brevemente, las ciruelas (por favor, no dejes de probar las ciruelas yucatecas; la temporada es súper corta, así que cuando las veas, no las dejes pasar). Los helados y sorbetes incorporan más sabores de fruta natural, y, por más calor que haga, ningún día es malo para explorar cualquiera de las maravillas de nuestro estado, siempre y cuando la combines con un cenote o con alguna de nuestras bellas playas. 

 

Si no eres yucateco, te puedes sentir tentado a pasar todo tu tiempo libre encerrado en el aire acondicionado. No caigas en la trampa; así nunca te vas a acostumbrar. Mejor, haz el calor parte de tu vida, y combátelo como los yucatecos lo hemos hecho por décadas y siglos: con una hamaca, mucho tiempo al aire libre y una buena dosis de chapuzones. No lo dejes para después; ¡comienza a explorar y a disfrutar de los días más cálidos del año!

 

 

Por Alicia Navarrete
Comunicóloga nacida circunstancialmente en la Ciudad de México, pero que dice “uay” desde 1985. La vida me ha dejado ver el mundo, lo que a su vez me ha permitido descubrir cuánto amo el lugar en el que vivo. 

 

 

 

 

 

Fotografía de portada por Gerardo Aram Correa Baeza y Ayuntamiento de Mérida para su uso en Yucatán Today.

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