Los clásicos Volkswagen, o “Vochos (Volchos)”, de todos los colores recorren las calles de la Mérida moderna, automóviles que para los locales son tan mexicanos como alemanes. Mi amiga Juanita cuenta una anécdota sobre como un día salía de visitar la Hacienda Yaxcopoil y vio a un par de personas tratando de abrir las puertas de su Vocho. “¿Puedo ayudarles?”, les preguntó, y la joven pareja explicó: “¡Somos alemanes, y en Alemania ya no encuentras estos autos!”. Querían fotos sentados en el interior.

VW comenzó a fabricar este modelo Sedán en el centro de México en la década de 1960, y finalmente estableció la planta más grande de fabricación en Puebla. Por más de 35 años, México envió estos autos a todas partes. El 30 de julio de 2003, una edición especial del VW Sedán salió de la línea de ensamblaje portando una bandera mexicana de flores, seguida de mariachis tocando una canción de despedida. El último VW Sedán representó casi 70 años de vida, y el conductor dijo: “Cada Sedán tiene una historia, y cada historia tiene un final”.

Pero la historia continúa siendo escrita por la inagotable fascinación y obsesión que el pueblo mexicano siente por los Vochos y las “Combis”. En Yucatán, la cuestión no es de si VW ha sido parte de tu vida, sino cómo. En Yucatán existen decenas de clubes de VW que se reúnen para compartir historias, contactos, refacciones y consejos sobre las acciones de restauración y mantenimiento.

Hace casi dos años compré mi Combi modelo 1985, embarcándome en la experiencia más mexicana que he vivido. Poco sabía, cuando la compré, que era un gran acertijo con muchas piezas faltantes. Ocho mecánicos, tres talleres de carrocería, un pintor muy lento, varias tiendas de silenciadores, muchos más electricistas y otros expertos han sido parte de la constante revisión de mi auto.

Cuando manejo mi “Combi”, la gente me acerca para compartir sus historias. Un día un hombre me ayudó a estacionarme en el supermercado y al tocar la defensa trasera de mi Combi me preguntó sorprendido: “¿Es un 1985? ¿con refrigerador de aire? Mi abuelo me enseñó a conducir en una Combi como ésta”.

En un viaje de “camping” con mi amigo Arturo, su Combi tuvo un problema. No arrancaba. Un mecánico viajó dos horas para ayudar. Ubicó el problema en el motor debajo de la escotilla trasera, y pidió una moneda de $5 pesos. El mecánico rápidamente sacó el círculo interior de cobre de la moneda y usó esta pieza para enviar a Arturo hasta Mérida.

No importa cuánto trabaje en mi Combi, ella siempre me causará problemas. De hecho, la restauración completa es un destino inalcanzable. Pero está bien conmigo, ya que significa que siempre estaré en mi camino, con las ventanas hacia abajo y la costa yucateca asomándose por el exterior.

Por Amanda Strickland