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Viaje de un día: Celestún

23 noviembre 2008
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6 min. de lectura
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Celestún la es zona primaria del cortejo del  flamenco rosado en los manglares durante el otoño y el invierno. Luego, estas aves vuelan a   Río Lagartos durante la primavera y verano para construir sus nidos y dar a luz.

 

Cada guía turística que he consultado recomienda un viaje a Celestún. Hablan de las excursiones de lancha en la Reserva Biosfera de Ría Celestún que ofrece vistas y oportunidades de fotografía de las bandadas enormes de flamingos y cientos de otras especies de aves; hablan de nadar en los frescos manantiales de aguas claras que burbujean al superficie y drenan en el estuario; hablan de una parada para ver la selva petrificado; y hablan de un recorrido por los canales que penetran las selvas densas de manglares que rodean el estuario. Los guías también recomiendan el almuerzo en uno de los restaurantes de mariscos.

 

Los guías tienen razón. Vale la pena visitar a Celestún. El recorrido vivificante en lancha, por los aguas del Golfo a la parte sur de la península donde reside el pueblo de Celestún, y que separa el Golfo del estuario, vale la pena.

 

Hay varias maneras de ir a Celestún, para viajeros en grupo o independientes. Si vas en coche, vas hacia el oeste a Umán y Kinchil, y sigue en este camino. Visite los pueblitos en camino. Cuando regresas, vaya al norte en  Kinchil para visitar Hunucmá y regresar a Mérida por camino diferente. Si prefieres viajar en grupo con un guía, hay muchas agencias de viaje en Mérida donde puedes conseguir un tour.

 

Siendo persona que prefiere viajar independientemente, escogí el servicio intermedio de autobús de la estación de autobuses en la Calle 67 x 50 y 52. La estación es moderna, grande, y limpio, con personal amable y servicial, vendedores de botanas, sala de espera con TV, y baños accesibles para sillas de ruedas.

 

Los camiones salen cada hora, empezando a las 6 am. Y salen de  Celestún cada hora hasta el último a las 8 pm. El camión viajó por  HunucmáKinchil, y otros comunidades pequeños que ofrecen vistas de casas Mayas tradicionales y otros sitios locales interesantes. El camión se paró frecuentemente en camino, cuando la gente lo pidió y en pueblos, para recoger o desembarcar pasajeros. El viaje es de dos horas, con una parada para usar los baños en  Hunucmá.

 

Cuando llegué, se me acercó una persona que se llama Hector Marine. Habla mínima cinco idiomas, incluyendo español, ingles, e italiano. Preguntó a todos si estábamos esperando excursión de lancha. Mientras Hector acompañó a una pareja a su hotel, yo caminé una cuadra a la playa para esperar con un grupo de barqueros, quienes arreglan las excursiones y pilotan los barcos. Seis barcos de 8 asientos con techos esperaron en la orilla.

 

Me informaron que debo unirme con una familia de cinco caminando en el oleaje ligero para bordar un barco pilotado por Pedro, nuestro barqueros muy amable, quien nos dio un comentario muy informativo identificando las variedades de flora y fauna y explicando todo lo que vimos. Aprendí que también hay barcos de excursión que salen del lado estuario, pero cobran más. Su recorrido toma menos tiempo porque no incluye un viaje de alta velocidad por la costa para acceder el estuario.

 

Después de sentarnos en los asientos, de que hay cuatro en cada lado del casco pesado de fibra de vidrio, Pedro aceleró el motor, se levantó la proa, y salimos en un viaje de 20 minutos por la costa Golfo para llegar al estuario.

 

En un rato nos paramos en un muelle pequeño y desembarcamos para visitar un manantial burbujeando al  superficie entre los manglares. Nos explicó Pedro que hay manglares rojos, negros, y blancos. Los otros pasajeros nadaron en el agua clara y fresca. El manantial es un cenote adentro de la selva de manglares, con una salida al estuario.

 

La roca caliza debajo del agua no profunda da un color gris al agua turquesa del Golfo, y un color más oscuro al agua no profundo del estuario. El agua no profundo requirió que Pedro conduzca un círculo amplio por la península, y después de entrar al estuario, escuchamos el casco tocar la tierra. Nos pidió que nos sentamos en la proa para balancear el peso de la popa.

 

Después de entrar al estuario, fuimos hacia el norte, continuando bajo la puente sobre cual nuestro camión había pasado para entrar a Celestún, y paramos algunas veces par checar sus ollas de cangrejo, marcados con botellas plásticos.

 

Pasando la puente hay bandadas grandes de flamingos. Son rosas por su dieta lleno de beta-carotena. También hay muchos pelícanos gris y blancos, cormoranes por todas partes, buitres circulando arriba, garcetas, y muchos otros especies de aves. He leído que la Reserva Biosfera de Celestún es hogar de 300 especies.

 

Después de un tiempo mirando y tomando fotos de los flamingos, Pedro nos llevó al sur para el viaje de regreso. Condujo el barco por los canales de manglares y paró el barco en un estuario de arena donde desembarcamos para el camino corto a la selva “petrificada,” que, como sospeché, no es realmente petrificada. La selva es lo que referimos en la costa de Washington como “selva fantasma.” La tierra de arena se subsidió hace 80 a 100 años, permitiendo la entrada del agua del mar que mató a los árboles. Las fantasmas grises de los árboles pudridos se quedan paradas.

 

Mis compañeros tuvieron un poco frío después de nadar, y desembarcaron en un muelle en el lado del estuario de la península y caminaron los diez minutos a  Celestún. Yo regresé a la playa en la lancha con Pedro y así tuve la oportunidad de ver una playa llena de pelícanos grises y más de los comentarios informativos de Pedro. Antes de llegar a la playa y los otros barqueros, dije gracias a Pedro con una propina bien merecido de 50 pesos.

 

Después de desembarcar, evité los restaurantes en la playa orientados a los turistas, y fui al restaurante Nicte-Ha una cuadra de la playa. Las cervezas costaron 6 pesos menos que en los restaurantes en la playa, y supongo que mi almuerzo de filete de pescado con cebolla y tomate, arroz, y tortillas también costó menos. Otros atractivos que también faltan en los restaurantes de la playa son meseros que trabajan con un bebé en un brazo, y la plática de los nietos de los dueños sentados en el rincón mirando TV.

 

El viaje completo, incluyendo las propinas, me costó menos de $80 USD Fue otro día perfecto en Yucatán.

 

Este editorial fue escrito por Chris Brown en su idioma original inglés y traducido al español por Yucatan Today.

 

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¿Cómo ir a Celestún?

Para llegar a Celestún por autobús, salen de la terminal Noreste en la Calle 67 x 50. Hay salidas casi cada hora desde 5 am a 8 pm, el costo es 47 pesos. Tel. 924 0830, ext. 2909. El viaje toma dos horas.

 

 

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