En Yucatán, la fiesta tradicional para el día de muertos, Hanal Pixán (alimento de las ánimas), es celebrada por todos los yucatecos, sin distingo alguno. En el medio rural y en las ciudades se mantiene vigente con altares y ofrendas que se colocan en las casas. Inicia el 31 de octubre con dedicatoria para las almas de los niños, el 1º de noviembre para los adultos; y el 2º para los fieles difuntos. En algunas comunidades se prolonga una semana más en el llamado “ochovario” o “bix”, en el que además de los altares en las casas, se colocan velas en las albarradas y caminos de cal en las calles para que las almas vean su camino.

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Hoctún, una comunidad maya localizada a 45 km de Mérida, camino a Chichén Itzá, con poco más de 5,000 habitantes, principalmente de origen indígena, se ha vuelto un punto de interés turístico por sus peculiares celebraciones del día de muertos. Todo el pueblo se reúne para celebrar el Hanal Pixán, con la colocación de altares, el olor del incienso y copal que inunda las casas y calles, así como los rezos y música de serafina (instrumento musical conocido como armonio, mitad piano, mitad organillo) que completa estas escenas casi místicas.

Una celebración más singular que mezcla costumbres españolas y mayas, es acudir a los cementerios para hacer la limpieza de las tumbas. Solo que aquí el cementerio no tiene este aspecto fúnebre o misterioso, al contrario, es pintoresco y muy colorido.

El cementerio de Hoctún cada año atrae a miles de visitantes que acuden a constatar las figuras que se han erigido en recuerdo de los difuntos. Hay tumbas que asemejan las casas mayas (con su forma circular y techo de paja), al Castillo de Chichén Itzá, representaciones de milpas, iglesias. Hay una que sobresale, la réplica de la Torre Latinoamericana de la Ciudad de México, realizada a petición de su morador que en algún tiempo vivió en dicha ciudad y solicitó antes de su muerte se erigiera su tumba bajo esta forma.

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Este cementerio, que data de 1866, tiene aproximadamente unas 600 tumbas en una primera sección. En 1962 se abrió una segunda sección para albergar a nuevos moradores. Es única porque los pobladores acuden a pintar durante estos días de noviembre las tumbas con flores coloridas que asemejan los bordados de los hipiles, ángeles, corazones y cualquier inspiración de los descendientes que honran a sus difuntos.

También se escriben frases de recuerdo e incluso se pintan las tumbas con colores muy llamativos, de tonos neón, naranjas, azules, amarillos. Todo resulta en un aspecto muy peculiar para un cementerio.

Si tienes oportunidad no dejes de visitarlo y preguntarle a las familias que acuden al cementerio sus anécdotas familiares. Con mucho gusto te platicarán sus motivaciones e inspiraciones para realizar tan peculiares decoraciones.

Vive las tradiciones yucatecas y compártenos tus fotografías y anécdotas.

Por Violeta H. Cantarell