Mérida cautiva a quienes la visitan por su arquitectura, gastronomía y por sus anécdotas llenas de historia y encanto. Algunas de ellas han dado origen a los nombres de las calles y las esquinas que persisten hasta el día de hoy.

Merida La TuchaProbablemente buscando algún sitio, preguntando a los locales o simplemente observando las calles de Mérida, habrás notado que algunas están nombradas con números, y otras se identifican con nombres de personajes célebres como el Paseo de Montejo. Otras más, como en los cruces del Centro Histórico y zonas aledañas, están nombradas con apodos o nombres que son referencia para los locales y visitantes. Detrás de cada uno de esos nombres hay una historia, una leyenda, anécdota o referencia, haciendo del primer cuadro de la ciudad sobre todo, un lienzo vivo en el que se continúa contando y haciendo historia.

Hoy se pueden reconocer las esquinas más famosas del Centro Histórico porque se han ubicado placas haciendo alusión al nombre de la esquina. Algunos nombres como “El Huracán”, “El Ciclón”, “El Pato”, “La Tucha” y “La Estrella de Oriente” tienen origen desde los tiempos coloniales. En tanto,  “El Venadito”, “El Chévere”, “Los Dos Toros”, “La Chaparrita” y “El Imposible”  tuvieron un origen posterior. Para quienes no sabían de letras o números, usar estas referencias era la manera más usada de orientarse en la ciudad, y otros más adquirieron el nombre como una forma de recordar un evento importante acontecido en dichas calles.

Las leyendas o anécdotas relacionadas con las esquinas persisten, incluso aún después de que el edificio haya desaparecido. Una de las más conocidas involucra a las esquinas de “El Degollado” (60 con 67) y “La Veleta” (65 con 66), por ser escenario de un evento trágico. Un barbero, quien tenía su negocio en la primera esquina, terminó su vida degollándose con su cuchillo de afeitar al no ser correspondido por una dama que vivía en la segunda esquina y era cortejada por el entonces gobernador de Yucatán, Lucas de Gálvez.

La historia de “El Elefante” (46 por 65) se debe a que al dueño de una vieja casona se le ocurrió colocar en la azotea un paquidermo metálico; “El Monifato” (65 por 42), monolito de piedra con la figura del rey Fernando VII de España que, cuentan, es una burla para el soberano. Las esquinas de “El Limón” (52 por 55), “El Almendro” (63 por 76) y “El Tamarindo” (45 por 50) refieren a árboles ubicados ahí. “Los Dos Camellos” (49 por 66) refiere a un inmigrante libanés quien trajo un par de animales (macho y hembra) para que se reprodujeran, sin éxito alguno. Y “El Polvorín” (60 por 103) está nombrado así  porque ahí explotó un almacén de pólvora.

Así que si andas caminando por alguno de estos cruces, mira en la esquina o pregunta a las tiendas cercanas por el nombre. Seguro te contarán anécdotas que te dejarán fascinado.

Por Violeta H. Cantarell

Con información del Ayuntamiento de Mérida y el portal Mérida de Yucatán