Si has caminado por las colonias y barrios meridanos, habrás notado que las familias suelen sacar sus sillas en las aceras (banquetas) para disfrutar tranquilamente el viento ligero que alegra las cálidas tardes y noches. Aprende con nosotros a “tomar el fresco” como todo un yucateco.

Hay costumbres que llegaron para quedarse; la de “tomar el fresco” en la puerta de tu casa colocando dos sillas (o más, según sean los integrantes de la familia) es una de ellas. Hoy vemos en los barrios alrededor del Centro Histórico (Santiago, San Sebastián) y en algunas colonias antiguas de Mérida (Alemán, Chuburná, Itzimná), a meridanos cómodamente sentados en sus sillas, no importa el estilo, material o forma, en la puerta de su casa, platicando y disfrutando de la tarde.

Poco se sabe del origen de esta práctica, aunque se cree que puede provenir de Europa, donde se acostumbra en algunos pueblos de España colocar sillas en la terraza y en el jardín de las casas en época de verano como una manera de mitigar el calor. En Mérida, el cálido clima que prevalece durante todo el año favorece esta costumbre que se ha mantenido por décadas.

Seguramente te preguntarás qué haces en la puerta de tu casa con una silla afuera, pues te diremos que “tomar el fresco” tiene varias ventajas: primero refrescarte con los vientos que soplan en las calles, ligeros eso sí, pero que ayudan a soportar el calor que se siente en el interior de las casas. No todas las familias cuentan con aire acondicionado, así que esta costumbre se vuelve una opción viable para mantenerse fresco.

Otra de las ventajas es poder conversar y platicar de todo tipo de temas. Sí, antes de la adicción a la televisión (y a Netflix), al iPad o al celular, las familias aprovechaban las tardes y noches despúes de una jornada laboral para charlar y compartir sus anécdotas del día. Aunque el ritmo rápido y las prisas que se viven hoy día muchas veces impidan esta convivencia, es importante aprovechar las oportunidades para mantener el contacto y la integración familiar.

También funciona para socializar e interactuar con los vecinos y, por supuesto, hablar del tema del momento, de lo que está ocurriendo en la ciudad. Imagínate que una charla con Don José (porque seguramente todos tenemos un vecino José) de lo que les preocupa en la calle puede derivarse en lecciones filosóficas, sabiduría popular o simple desahogo social, que buena falta hace a veces.

Otros beneficios adicionales son el reducir la ansiedad o la depresión. Bien dice el refrán que las penas y las alegrías compartidas duelen menos y saben mejor. Como seres sociales que somos, necesitamos de esos momentos.

¿Estás convencido de “tomar el fresco como todo un yucateco”? Esperemos que sí, porque es una práctica que podemos hacer todos, sin importar la edad. Así que te dejamos unas instrucciones para tomar fresco como todo un yucateco: prepara tu silla, la favorita y que puedas ponerla en la acera (banqueta); invita a tus amigos o familiares y, por supuesto, eligan su tema favorito para platicar, ver a la gente pasar, incluso escuchar una música de fondo y disfruten ese dulce placer.

Por: Violeta H. Cantarell