Si ya has caminado un poco por las calles de Mérida, habrás notado que en los parques, plazas y en los eventos de la ciudad todos los días y a todas horas, hay carros callejeros con el letrero “Marquesitas”. Acércate y atrévete a disfrutar este antojo delicioso, un postre ideal para que te sientas muy yucateco.

La marquesita es un rollo de barquillo tipo crepa de aproximadamente 20 cms., con rellenos a tu elección. Es única en el país por su combinación perfecta de dulce con salado, crujiente pero suave a la vez. ¡Y todo por solo $25 pesos! Su popularidad y éxito han trascendido y es posible encontrarlas, con la misma receta, en varias otras ciudades del sureste mexicano, ya sea Izamal, Valladolid, Tulum y Holbox, entre otros.

Su preparación es bastante fácil: la mezcla que se usa para que la marquesita quede delgada y ligera es de harina, huevo, azúcar y leche, muy similar a los panqueques – hot cakes. Primero es prensada con una parrilla de hierro pesado, sobre un fuego abierto. Se retira del fuego una vez que se ha formado una crepa delgada y ahí puedes elegir el relleno, ya sea el clásico con queso holandés Edam rayado o de “bola”, como se conoce en Yucatán. La crepa es enrollada en forma de flauta antes de que se endurezca, para finalizar un toque de queso de bola o una cucharada de crema de avellana… ¡Para disfrutarse en el momento!

También puedes escoger rellenos más dulces, ya sea de cajeta, chocolate, miel de abeja, o mermelada. ¡Haz las combinaciones que quieras! Todas son deliciosas. Te aseguramos que una vez que pruebes tu primera marquesita, querrás repetirlas en sus diferentes versiones cada vez que te encuentres un carrito en la calle.

El origen de este delicioso postre yucateco va de la mano de la historia del local “Helados Polito” ubicado en el Parque de Santiago, ya que su fundador, Don Leopoldo Mena alias “Don Polo” y su hijo Vicente Mena, buscaban mantener los ingresos durante la época invernal vendiendo únicamente las barquillas. Experimentando con rellenos y con la llegada del queso holandés, cobra vida la marquesita, popularizándose a partir de los años cuarenta en todos los sectores de la población meridana. Su nombre tiene varias explicaciones: por un lado se dice que era de los antojos predilectos de los nietos de un marqués; o que lo puso Vicente en honor a su esposa, a quien llamaba Marquesa.

Hoy en día, puedes comprar marquesitas fácilmente en la calle. ¡Nadie puede resistirse a su particular sabor! No hay mucha gente que no haya probado esta delicia, perfectamente compatible con un antojo ligero de algo dulce pero no tanto. Ya sea en una tarde calurosa o en días templados, siempre es buen tiempo para disfrutar una crujiente marquesita con queso de bola, mientras a mordiscos llegas al último bocado. Deliciosas, a muy buen precio, únicas, difícilmente las podrás probar en otro lugar que no sea el sureste. No te vayas sin disfrutar una…o varias.

Por Violeta H. Cantarell