Desde niña mi abuela me contaba historias de pequeños duendes o espíritus, generalmente traviesos y juguetones, que solían habitar en los patios de las casas, en el campo y en las grutas. Para ellos se hacían ceremonias, altares o se dedicaban ofrendas.

Más allá de generar miedo, estos cuentos de seres mágicos, que siempre consideré como niños protectores, despertaron mi curiosidad. Y sí, alguna vez viví sus travesuras… perdía monedas, aretes y otros objetos que luego aparecían misteriosamente en otro lugar. Entonces comprendí que los “aluxes” no son un mito de los antiguos mayas, sino seres que coexisten con nosotros y que podemos honrarlos de muchas formas. En mi casa siempre tenemos dulces y juguetes pequeños en un cuenco y pedimos su protección.

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Esta creencia se hace presente en toda la Península de Yucatán y se extiende hasta Guatemala. Puedes encontrar representaciones de estos seres en Cobá, Quintana Roo y en Yaxchilán, Chiapas. Su nombre hace referencia a su pequeña estatura, ya que parecen niños con cara de hombre y se cree que portan ropa tradicional maya con alpargatas o descalzos y a veces acompañados con un perro. Normalmente no se hacen visibles pero puedes sentir su presencia como una sombra o como viento, sobre todo cuando estás en contacto con la naturaleza, en cuevas, cenotes, grutas y en los campos.

El mito señala que en su origen eran de barro, se colocaban cerca de un árbol y luego cobraban vida. Por ello, cuando se construye en un nuevo terreno o se entra a la selva hay que pedirles permiso y realizar una ceremonia de lo contrario podrías vivir alguna de sus travesuras.

Es costumbre para los campesinos hacerles una ofrenda durante el periodo de siembra, esto es para solicitar ayuda de los aluxes para cuidar su cosecha, ahuyentar a los ladrones o animales de rapiña y espantar a quienes quieran entrar en sus tierras. Para esto se les construye un altar en el que se colocan jícaras con miel y maíz y se cuida que siempre haya agua y dulces. A esta construcción se conoce como “la casa del alux”. La ceremonia debe repetirse cada año y nombrar a los que trabajan en la tierras para que no los confundan con extraños.

A veces los aluxes se distraen de sus tareas y pueden hacerse visibles, si no se les atiende correctamente; provocan un “mal aire” que causa fiebre y dolores en el cuerpo, aventar piedras o travesuras similares. No hay que asustarse, sino cumplir con la ofrenda y recordar que son los guardianes de las tierras y las cosechas.

Actualmente puedes encontrar figuras de alux de barro y realizar tu propia ceremonia de protección para tu hogar. Solo recuerda mantener siempre su altar con agua, miel o dulces… ¡o podrías vivir alguna de sus travesuras!

Por Violeta H. Cantarell