Chichen Itza - Dia - 3

En este año de los Mayas, la obsesión popular gira en torno al Calendario de la Cuenta Larga y el frenesí de los medios de comunicación, sobre el 21 diciembre de 2012. Pero debajo de la tan cacareada fecha, reside el núcleo de la genialidad: su inagotable aptitud para relatar y calcular con exactitud los eclipses y ciclos de lunación y rotación. A causa de su fascinación con el cielo nocturno, llegaron a ser conocidos como los astrónomos del ojo desnudo.

Los Mayas estaban obsesionados con el sol, la luna y las estrellas. Cada ciudad principal tuvo su observatorio, y gracias a los tres códices restantes pre-colombianos (libros de papel de corteza) que sobrevivieron a la conquista, se sabe que los cálculos astronómicos fueron su fortaleza. ¿Pero por qué su obsesión con el cielo?

Los tres códices – el Paris, el Dresden y el Madrid – podrían ofrecer algunas pistas. El Códice Dresden está compuesto de tablas astronómicas de exactitud increíble y es famoso por su serie lunar y la tabla Venus.

La serie lunar tiene intervalos relacionados con eclipses y la tabla Venus relaciona los movimientos del planeta y contiene datos astronómicos y astrológicos, así como la agenda de rituales.

¿Pero por qué eran importantes estos ciclos para los astrónomos Mayas? Vamos a ver el ritual. El Códice Madrid detalla lo que los sacerdotes llamaron pago de deudas, e indica el procedimiento conectado con la sincronización de los rituales,  que eran ofrendas a los dioses para mantener el mundo en armonía.

Venus fue importante para los Mayas porque el planeta fue asociado con la guerra. Los gobernantes planearon sus guerras con el naciente de Venus. Los Mayas no fueron los únicos en usar Venus de esta manera. Por todo Mesoamérica, Venus fue presentado como “derrotando” al sol y a la luna y era conocido como estrella de la mañana y de la noche porque dura más tiempo que sus vecinos más luminosos.

David Stuart, arqueólogo, nota que la información presentada en las tablas de Venus del Códice Dresden no sólo son datos observados, sino aproximaciones de datos ajustados para conformar a otros ciclos rituales. Muchos de los números no fueron precisos, sino artificiosos, para poder indicar cómo el movimiento del planeta podría conformar a otros ciclos y números importantes.

Los astrónomos modificaron estos ciclos para acomodar diferentes tipos de fenómenos celestiales usando a Venus como marco para una simetría forzada en los cielos Mayas. Aún con esta gran muestra de habilidades astronómicas, vemos cómo el movimiento de los planetas es significativo sólo cuando se pone en contexto con un cosmos mas grande de dioses y números. Los Mayas manipularon los números para crear relevancia en su universo.

No sólo estaban obsesionados con el tiempo, los planetas y las estrellas, sino también el tiempo fue la herramienta usada para controlar su destino tal como era requerido por sus reyes. Al manejar estos movimientos astrales, modelaron una civilización que reinó en Mesoamérica por 1500 años. Aunque no eran tan pacíficos como originalmente se pensaba, los Mayas se incluyen en el panteón de los mejores del mundo, junto con los griegos, los egiptos y los chinos.

Y posiblemente esto es por su habilidad de describir—y manipular—el cielo de la noche.

El nuevo libro (en ingles) de Jeanine Kitchel, Maya 2012 Revealed, Demystifying the Prophecy, investiga los dos lados del debate sobre la fecha de 2012 y está disponible en Amazon.com, iTunes and Nook. Su primer libro, Where the Sky is Born: Living in the Land of the Maya, puede ser accesado en su  sitio web: www.jeaninekitchel.com

Por Jeanine Kitchel

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