Antes de la llegada de las tabletas, de los videojuegos y de las aplicaciones en los celulares, era bastante común en Yucatán ver a los niños jugar el tinjoroch, que consiste en hacer girar una corcholata a través de un hilo; la kimbomba, con bastante similitud al béisbol; y la chácara, el yoyo, entre otros.

Los mayas practicaban algunos de estos juegos tradicionales antes de la llegada de los españoles y se han transmitido de generación en generación en forma popular hasta nuestros días. Elaborados en su mayoría en forma artesanal, trabajando la madera u otros materiales, favorecen la creatividad y la imaginación de los niños; sin embargo se han ido perdiendo en las nuevas generaciones. Pero tenemos buenas noticias: es posible aprender a jugarlos y mejor aún, a fabricarlos. Solo se requiere un poco de habilidad y algunos materiales muy fáciles de conseguir.

Para el tinjoroch se necesita una tapa de metal de alguna bebida o una tabla de madera delgada cortada en forma circular y un hilo de  henequén o cualquiera que sea resistente. Primero se realizan dos orificios a la tabla o corcholata en el centro y se hace pasar el metro de hilo. La diversión comienza cuando se practica en equipos de dos a cinco personas girando el tinjoroch al mismo tiempo. Gana quien mantenga la corcholata girando el mayor tiempo posible. ¿Te animas a practicarlo?

La kimbomba es un poco más elaborada y puede fascinarte, sobre todo si te gusta el béisbol. Se hace con dos piezas de madera, una de ellas es un palo de 2 a 3 cm de ancho y 20 cm de largo; la otra pieza es de 10 cm de largo en forma cónica por ambas puntas. Se forman dos equipos, se dibuja un cuadro en el piso de 15 cm por 15 cm y alrededor un círculo. La pieza cónica se coloca en el cuadro y se batea con el palo procurando levantarla en el aire y golpearla nuevamente para hacerla llegar lo más lejos posible. Gana quien logre mayor puntaje de bateo.

La chácara o avioncito consiste en dibujar en el suelo cuadros del 1 al 10; este último se considera “el cielo” y se representa con un gran círculo. Los brincadores lanzan una piedra en los números y avanzan en saltos en cada cuadro hasta completarlos en un ciclo completo.

Estas actividades recreativas nos revelan una herencia cultural que aún puedes encontrar en las comunidades mayas, demostrando que es posible entretenerse con elementos sencillos y de mucha imaginación.

Además, las técnicas para aprender a fabricar las kimbombas o girar el tinjoroch son invaluables y una excelente oportunidad de convivencia entre padres e hijos.

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Por Violeta H. Cantarell