De nuevo ha llegado la época del año cuando todo se trata de cementerios, los muertos y en Yucatán, las costumbres ancestrales de Hanal Pixán. Como residente de Mérida desde hace mucho tiempo y como dueño de una empresa turística que se dedica a explorar los rincones menos visitados de la península, una de las actividades que más satisfacción me da es llevar a los visitantes a aquellos lugares que no están normalmente en un recorrido de turismo. Para mí, un lugar que siempre fascina en cualquier pueblo grande o pequeño, es el cementerio.

Hay mucho que ver y experimentar en Yucatán, y una visita de unos días fácilmente se puede convertir en una expedición de varias semanas, si realmente buscas un poco más allá de los folletos o itinerarios oficiales.

Uno de mis destinos favoritos es Izamal – la llamada Ciudad Amarilla – con sus fachadas fotogénicas, todas del mismo color, su gran convento y la deliciosa gastronomía del aclamado restaurante Kinich.

Pero antes de tomar la salida hacia Izamal; si vienes desde la carretera Mérida-Cancún, y antes de atravesar un mar de vegetación baja y escasa intercalado con campos sembrados de henequén, justo ahí, encontrarás lo que algunos llaman “el cementerio más bonito de Yucatán”.  La primera vez que lo vi, quedé maravillado con los detalles y lo colorido de sus tumbas.

Este es el cementerio de Hoctún, conocido local, nacional y hasta internacionalmente gracias a esos mausoleos que son únicos. Además de las inscripciones, flores y querubines pintados en cada lápida, hay también pequeñas construcciones encima de ellas, desde pirámides, chozas y una réplica de la Torre Latinoamericana, ubicada en la Ciudad de México, como recuerdo de un familiar que había trabajado en su construcción.

Hay datos que nos indican que el cementerio se construyó en 1866 y que una segunda sección fue agregada en 1962. Comenzó como cualquier cementerio “de pueblo”: sencillas piedras, cruces de madera y pequeños altares, todos construidos sobre la tierra, debido al suelo rocoso poco favorable para excavar. Seguramente has leído en alguna parte que la mayor parte de la península de Yucatán es una enorme laja de piedra caliza. ¡Casi no hay tierra! El punto es que no puedes simplemente tomar una pala y cavar sin el uso de maquinaria, y por eso las criptas están construidas sobre la misma piedra.

En Hoctún, las familias de los difuntos estaban conformes con estas modestas construcciones, hasta que alguien decidió que iba a decorar la tumba de su familiar fallecido con colores y pintura. A otros les gustó la idea y así comenzó la transformación. Hoy en día, hay aproximadamente 600 tumbas y la gran mayoría tiene algún detalle original y están cubiertas de flores, inscripciones y otros detalles llamativos.

Recomiendo que te tomes tu tiempo, que camines entre – y hasta detrás de – las piedras, observando todas las inscripciones, decoraciones y elementos que, de alguna manera, hacen referencia a las vidas de las personas ahí enterradas. No te sorprendas de repente de ver algún hueso humano asomándose entre las grietas. Lee los apellidos mayas y fíjate en las fechas. A mi en lo particular me asombran los nombres de las personas, tomados del calendario católico y que ya no se usan.

Visitar cualquier cementerio en Yucatán durante las festividades del Hanal Pixán es una experiencia mágica y verás mucha actividad, ya que las familias regresan a limpiar, colocar velas y remozar las tumbas, preparándose para la visita de los espíritus. En Hoctún, esto es particularmente especial y memorable. Para aquellos que comparten mi fascinación con los cementerios y la cultura local, al igual que los que son amantes de la fotografía, esta parada es una excelente manera de hacer una pausa en el camino a Izamal o el sitio arqueológico de Chichén Itzá.

 

Editorial y fotografías por Ralf Hollmann para uso en Yucatán Today

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