Más allá del enorme potencial turístico que los sistemas kársticos (cenotes y cavernas) de la península de Yucatán tienen para sus pobladores aledaños, su investigación ocupa a muchas otras disciplinas del saber humano: Arqueología (restos mayas); química (composición de sedimento y agua); bacteriología (bacterias endémicas de estos sitios); medicina (técnicas de descompresión pulmonar, entre otras); ingeniería hidráulica e hidrología (explotación de acuíferos e intrusión salina), biología (diversidad de flora y fauna) y por supuesto, el espeleobuceo, práctica subacuática ejercida por buzos especializados quienes exploran sus entrañas con el único fin de descubrir, admirar y compartir sus experiencias de lo que muchos han llamado simplemente: “otro mundo”.