“Los senderos significan viajar – perderte y encontrarte” tira al aire nuestro guía Ulyses, mientras pedalea a un lado mío rodeado de la fantástica selva yucateca.

Una mañana de primavera el grupo detrás de Camino del Mayab, el primer sendero de gran recorrido en México, pasa por nosotros para llevarnos hacia una aventura. En el coche conocemos y platicamos con Zizi y Ulyses, ciclistas profesionales y ávidos amantes de la naturaleza. Nos cuentan sobre los legendarios senderos del mundo (como el Camino del Inca que lleva a Machu Picchu en Perú y el famoso Camino de Santiago en España) y de cómo lograron hacer del Camino del Mayab una realidad gracias a su persistencia y su fe.

Kilómetros de Aventura

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Imagina recorrer 100 kilómetros de antiguos caminos, tener como vista bellos paisajes yucatecos y encontrarte con haciendas históricas y cenotes inundados de tranquilidad. Eso es Camino del Mayab, una serie de senderos mágicos que coinciden en un territorio especial para el estado – una zona de recarga de agua para la ciudad de Mérida y una de conectividad ecológica entre dos grandes áreas naturales protegidas.

Puedes caminar o andar en bicicleta (¡y definitivamente no tienes que ser un profesional!). El recorrido se divide en cuatro tramos, dándote la oportunidad de conocer localidades como Lepan, Uayalceh y Tzacalá. Pasa un día tramitando alguna de ellas o decide poner a prueba a tu Indiana Jones interior y recórrelas todas en tres, cuatro o cinco días. El proyecto destaca el legado cultural e histórico de Yucatán, llevando a sus visitantes a través de los fascinantes pueblos, haciendas y cenotes al sur de la capital.

Los creadores impulsando este proyecto son Ecoguerreros Sociedad Cooperativa, una empresa social que contribuye a la conservación del patrimonio natural y cultural a través del trabajo con organizaciones y cooperativas locales. Todo esto surge a partir de una pasión indudable y despierta por la naturaleza, el campismo, las actividades al aire libre y el amor infinito que le tienen a las comunidades de Yucatán. Ahora, buscan compartir todo eso con el mundo.

A Rodar

Nuestro viaje comienza en Mucuyché. Nos recibe el equipo de Camino del Mayab al inicio del sendero con playeras, aguas y bocadillos. Todos tienen una enorme sonrisa y nos alientan para adentrarnos en el mundo del ciclismo mientras nos ayudan con nuestros cascos. El camino que conocimos solía ser una vía férrea de una antigua ruta que viajaba de Mérida a Peto, creada durante el apogeo de la industria henequenera hace más de 200 años. Me imagino a todas las personas que alguna vez pasaron por el. La historia y la energía de todos los viajes transitados por ahí es palpable.

No hay ruido, ni luces, ni gente. Confío en que lo que bien se aprende nunca se olvida y voy un poco más rápido. Ulyses me enseña a elevarme de mi asiento cuando paso por una piedra y así evitar lastimarme. “¡Eres toda una experta!”, me miente feliz.

Hacemos una pausa para observar a un pájaro carpintero – un Chejé rojo – que parecía estar teniendo una fuerte discusión con otro pajarito mientras brillaba entre los árboles.

Hay subidas y bajadas pero nada que no podamos manejar. Mi mente se desvía y observo las plantas endémicas que me rodean mientras siento la brisa. Pasamos por una aguada, un sitio de suma importancia para la fauna de la región, y nos acercamos para echarle un vistazo de cerca – el agua permanece quieta y el silencio de la selva la acompaña en su armonía. Continuamos por el sendero, Ulyses se coloca a un lado mío y me cuenta cómo los senderos significan viajar – perderte y encontrarte. Me platica sobre un par de películas que tratan justo de eso: personas que al caminar y seguir una meta, encuentran en el proceso un pedazo de sí mismos. (Esa habilidad para mantener una conversación y andar en bici es propia de ciclistas profesionales).

Yunkú

Después de seis kilómetros, nos encontramos con el resto del equipo en Yunkú Cenote Santuario. Les agradecemos las porras y celebramos con un chapuzón en el cenote. Las estalagmitas dentro de la piscina natural son particularmente bellas. Después de un encuentro con el Xibalbá, María y Marcelina, nativas de la localidad, nos reciben con unos de los mejores Salbutes que he probado en Yucatán. No puedo comer más (¡pero no puedo dejar ir esta oportunidad!) y pruebo unas Negritas combatiendo el calor con una dulce y refrescante naranjada.

 Alberto, biólogo y coordinador técnico del proyecto, me dice que al utilizar tu “pasaporte” del Camino del Mayab, podrás recorrer los 100 kilómetros a tu ritmo. Pregunta cómo obtener el tuyo – es tu boleto de entrada hacia la aventura. Cuentan con distintos paquetes que se acomodan a tu nivel de experiencia, días que quieres dedicarle y cantidad de actividades que deseas experimentar.

Continuamos un par de kilómetros más por lo que solían ser vías de truck utilizadas principalmente para transportar fibra, pencas de henequén e insumos de las haciendas. Arribamos a la Hacienda Yunkú, donde tomamos una dulce y merecida pausa. Olivia nos pasea por el cenote dentro de la hacienda, las habitaciones disponibles y nos transporta al pasado al mostrarnos la antigua capilla que ahora sirve como cuarto de entretenimiento. Las cabañas mayas hacia el fondo cuentan con piscinas privadas y lucen espectaculares para un fin de semana de paz. Finalmente, nos adentramos en la piscina – un final perfecto para una mañana pedaleando bajo los árboles.

Camino del Mayab ve más allá de ser una atracción turística. Se estima que su proyecto beneficiará directamente a 360 personas indígenas, principalmente mujeres y jóvenes. El 50% de lo recaudado a través de la venta de pasaportes se destinará para la conservación de la naturaleza y el mantenimiento de los caminos. Es un camino lleno de aventura que nos lleva a cuidar el planeta, apoyar a las comunidades de nuestro estado y empaparnos de su historia y cultura.

A veces justamente el viaje está en el camino – disfrutar del aire libre, la rudeza, la historia y la paz del sendero. Recuerda que siempre hay tiempo para parar y respirar, para andar rápido o lento y por supuesto, sumergirte en un cenote o dos.

FB: Camino del Mayab
www.caminodelmayab.com

Editorial por Greta Garrett
Fotografía por Nora Garrett y Camino del Mayab para su uso en Yucatán Today

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