El extenso sitio arqueológico de Uxmal está lleno de peculiares piedras talladas. Un gran simbolismo se deja ver en prácticamente toda la arquitectura del lugar y ahí, el pájaro péndulo de llamativo plumaje turquesa (“Toh” en maya), se posa regiamente. Ella me mira directamente a los ojos y luego llama a su compañero con un gutural sonido “hu-hu”. Los dos pájaros revolotean juntos coqueteando en la esquina de uno de los edificios en el Cuadrángulo de las Monjas.

Un peinado color turquesa brillante, estilo mohicano, brilla sobre los cuerpos azul verdoso de estos pájaros. Dos largos ejes de plumas desnudas conducen a las puntas esponjosas de sus colas, formando un péndulo. Mientras se posan, los pájaros menean la cola de un lado al otro, como las manecillas de un reloj. Tanto los machos como las hembras muestran las mismas marcas de colores, lo que los hace prácticamente indistinguibles.

La leyenda maya señala que el Toh solía ser un ave muy orgullosa y aristocrática, que gobernaba en la selva. Hacía que los otros pájaros hicieran todo el trabajo, mientras él holgazaneaba admirando su hermosa cola. Entonces, un día la comunidad de aves de la región comenzó a prepararse para una gran tormenta, reuniendo insectos y gusanos. El Toh fingió ayudar, pero escapó para acomodarse entre algunas rocas y se durmió. Después de la tormenta, se sentó entre los demás y se quejó de cuán agotador había sido el trabajo. Los otros pájaros se rieron del Toh y señalaron su cola.

Durante su siesta, su cola había sobresalido de su escondite y la tormenta le causó estragos, dejando solo dos feas líneas colgando donde alguna vez estuvo su hermosa cola. El Toh sintió mucha vergüenza y en lugar de enfrentarse a las demás aves, bajó de los árboles y escapó al inframundo.

Al día de hoy, el Toh construye su nido en pozos de agua, cenotes y grutas, en la selva o en grandes jardines fuera de la ciudad. Volando entre los edificios de Uxmal, como lo han hecho sus antepasados ​​durante siglos, el Toh fascina a todos los que lo ven. Incluso muchos vienen desde muy lejos para conocerlos. Los llamativos colores de este pájaro pintan de vida las rocas blanqueadas por el sol.

Mientras perseguía a ésta y a su compañero, ambos se alternaron para posar y burlarse un poco de mí. Estar entre ellos se siente tan bien, en contacto con la naturaleza. Nunca verás un Toh en una jaula, porque no pueden sobrevivir al cautiverio. El Toh exige ser libre, viviendo en las afueras de la ciudad, uniendo el pasado con el presente.

Por Amanda Strickland