La relación entre los agricultores y los animales siempre ha sido compleja. En la mayor parte del mundo, los granjeros ven a los seres que buscan alimentarse de sus cosechas como una plaga. Pero, existe una leyenda entre los mayas que “hacen milpa” sobre los orígenes de las semillas y cómo los animales obtuvieron el derecho de comerlas. Hoy, vengo a contártela.

Se dice que cuando Dios aún caminaba sobre la tierra, se acercó a los animales para decirles que, si querían alimentarse de diferentes semillas, deberían ganárselas. Y así llegaron el x’pich, el jabalí, el mapache, el sereque y muchos más que querían saber de qué forma podrían conseguir su comida.

Vieron a Dios juntar muchas hojas y ramas y prenderles fuego en una enorme fogata en la cual arrojó todas las semillas. Se les indicó a todos que deberían sacarlas si deseaban consumirlas.

El primero en entrar a las llamas fue el jabalí, quien se aventó rápidamente y salió con una semilla en las narices, misma que arrojó a un lado en lo que se sacudía sus pelitos chamuscados. Se dice que por esto el jabalí parece estar quemado. Le siguió el sereque, que también buscaba ganarse una semilla, pero al salir se le quemaron los deditos sobre las brasas y es así como llegó a tener solo tres deditos en cada pata.

Entre los animales que enfrentaron el fuego estuvo el mapache, quien obtuvo así las marcas que hoy lo distinguen. Antes de adentrarse a las llamas, el che’el era un pájaro completamente de color azul turquesa, pero se le quemaron las plumas del pecho hasta quedar negras, mientras que su espalda y alas permanecieron azules. También el x’pich sufrió muchos cambios para obtener el derecho a comer las semillas: antes era un pájaro blanco, pero al verse completamente envuelto por las llamas al entrar al fuego, salió con cada una de las plumas quemadas, dándole el color negro que conserva al día de hoy.

Como Dios consideraba a todas sus creaciones por igual, el hombre estaba a la par con el x’pich, el jabalí o el mapache, pero este no había entrado al fuego. Se cuenta que antes, el hombre vivía únicamente de flores, ya que el perfume bastaba para sostenerlo, pero ahora, el también debería ganarse la comida. Por esto se determinó que la forma en la que se alimentaría sería por medio del arduo trabajo en el campo y ayudando a las semillas a crecer y a propagarse, fundando así la milpa.

Y fue así como llegaron a la tierra las semillas que se transformaron en el maíz, el frijol, la calabaza, la sandía, el tomate, el chile y todos los demás alimentos que se producen en la milpa desde tiepos lejanos.

 

Editorial por Maggie Rosado
Fotografía por Valentina Álvarez y Andrea Mier y Terán para su uso en Yucatán Today

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