angela-dammonAngela Damman es una de esas personas que lo pueden hacer todo, y en Telchac Pueblo, ella ha hecho justo eso.

Hace cuatro años, ella y su esposo Scott vendieron su casa en Salida, Colorado. Reunieron a sus hijos, India de 4 años y Finley de 2 años, y partieron rumbo al estado de Yucatán en México.

Telchac Pueblo es muy parecido a otros pueblos en Yucatán y es un pueblito muy placentero. Es limpio y amigable, y los lugareños sienten mucho orgullo de su pueblo. La ubicación no podría ser mejor. Se encuentra a 15 minutos en coche de las playas de Telchac Puerto en la costa del Golfo, y a 45 minutos de la vibrante ciudad colonial de Mérida.

La Hacienda

Desde que ambos acordaron mudarse al extranjero, los Damman decidieron hacer algo muy diferente. A ambos les gustaba renovar propiedades, así que, ¿por qué no hacer justo eso en todos los sentidos?

Pronto adquirieron una muy deteriorada hacienda con la que Angela había sentido una conexión. La Hacienda San Juan fue construida en 1880 por una familia española del país Vasco. Era una hacienda obrera, en donde se trabajó el henequén por décadas. Los dueños originales desocuparon la propiedad y se la dieron al pueblo. La hacienda fue comprada más tarde en la década de los 80’s. Estaba en ruinas y el nuevo propietario empezó con las restauraciones mayores, de las cuales ahora se han hecho cargo los Damman.

“Era como ir fuera a acampar” dijo Angela. “No teníamos algún inodoro que sirviera, las tuberías estaban descompuestas y todo estaba muy descuidado. ¡Era como vivir en la jungla de México!”.

Los Damman continúan transformando la hacienda. Pasó a ser de ruinas a un asombroso ejemplo de la arquitectura colonial. Ofrece el encanto de la historia, pero con las comodidades modernas.

En el pequeño pueblo de Telchac los Damman son los únicos extranjeros, excepto por su vecino de al lado. Aman su proyecto en curso. No es solo como una casa y una inversión, sino una oportunidad para aprender sobre la historia de las haciendas.

Y de allí es de donde le vino la inspiración a Angela para su negocio. Hace una conexión entre el pasado y lo que hace ahora. Colabora con Katrin Schikora y George Samuelson de Takto Design, haciendo productos de henequén y de las fibras naturales de esa zona. El proceso completa el ciclo con el viejo producto terminado de la hacienda.

El negocio

Poco después de haberse mudado a Telchac Pueblo, Angela atendió una Feria Anual de Arte en Mérida, que ayudó a promover a los artesanos locales. Conoció a una mujer de Holanda que había comenzado un negocio usando henquén para fabricar lujosas bolsas de mano y pantallas para lámparas.

“Pensé que era algo interesante” dijo Angela; “pude verme a mí misma haciendo algo como eso”. Cuando el esposo de esta mujer fue transferido a Perú, Angela vio su oportunidad. Contrató a esta mujer como consultante por 2 meses para aprender todo lo que pudiera sobre el negocio del henquén.

“Era un tanto abrumador algunas veces”, decía Angela; “No conocía el idioma. Hablar con los artesanos locales e intentando encontrar en dónde obtener materiales para cierres, botones y tintes, fue todo un reto. Tienes que ir por todo ese proceso de aprendizaje sobre cómo hacer algo, pero tienes que hacerlo en un idioma diferente, con métodos diferentes. Al mismo tiempo, tienes que aprender sus maneras de construir nuevas relaciones.”

Angela cultiva en su hacienda: henequén y la planta conocida como lengua de vaca. Contrata a los lugareños que tienen las habilidades y el conocimiento de las técnicas utilizadas para trabajar con las plantas. Los productos finales son hermosos, y esto a su vez, resulta inspirador para los mismos trabajadores.

Angela ama poder contribuir a la economía local al contratar y, algunas veces, entrenar a los trabajadores de la zona. Les da la oportunidad de ganar dinero trabajando desde sus hogares y usar las habilidades que ellos mismos aprendieron hace mucho tiempo. Ella les paga más del salario promedio para motivarlos a hacer un buen trabajo y hacerlos sentir que son parte del equipo. Los productos terminados son clásicos y elegantes, y no es lo que usted encontraría comúnmente en los centros comerciales. Las posibilidades para el henquén son infinitas, tal como lo eran en el pasado, cuando no habían materiales sintéticos disponibles.

El estilo de vida

El estilo de vida de los Damman es más agitado de lo que esperaban, pero todo es por elección. Debido a que no están retirados, han escogido este estilo de vida para fundar su vida en México y ser parte del crecimiento de su comunidad. Scott, originario de Minesota, es agente de bienes raíces en las zonas rurales de México. “Fue una transición” dijo Scott; “pero me encanta estar afuera, creciendo animales y plantas como pasatiempo. Mi vida se ha expandido en un mejor sentido.”

“Aquí hay una manera completamente diferente de pensar” dice Angela; “la gente es dueña de todo lo que tiene y el ritmo de vida es más lento. Te hace apreciar las cosas de diferentes maneras.”

Los hijos de los Damman están viviendo un estilo de vida diferente y próspero. India ama vivir en la naturaleza y quiere convertirse en entomóloga.

“Una de mis más grandes recompensas es tener hijos bilingües” dice Angela. Scott y yo no somos bilingües, aunque aspiramos serlo. Queremos tener conversaciones de verdad, desarrollar amistades profundas y ser parte de la cultura.”

La accesibilidad económica en Telchac Pueblo es el principal factor para los Damman. Una agradable comida para una familia de 4 integrantes en el pueblo vecino de Motul cuesta aproximadamente $200 pesos; y la comida de la calle, como unos panuchos, cuestan aproximadamente $100 pesos.

Las frutas y verduras frescas son abundantes y no son costosas. Casi 1 kilo de aguacates, por ejemplo, cuesta menos de $13 pesos. Un kilo de jitomates cuesta $10 pesos.

El negocio de Angela está al máximo, pero aún así hacen tiempo para relajarse en casa, explorar sus tierras o visitar amigos –locales y extranjeros–. En Mérida, siempre hay muchas actividades, museos y películas. Y la playa y la diversión en Progreso son una tentación permanente.

Por Patti Morrow