22 de enero 2017

Escuché a Clémence salir de su casa de campaña y preguntarme si estoy despierta. Acampamos en algún lugar en medio de los 90 kilometers de la Reserva de la Biosfera de Río Lagartos. Quise quedarme durmiendo junto a Oscar, pero me escurrí del colchón inflable justo a tiempo para ver una pequeña y curveada linea de luz en el horizonte oscuro. Las olas no rompieron su ritmo y sentí el viento salado en mi piel.

Nos lavamos los dientes y subimos tambaleando una duna, unos 15 pasos después, vimos la primera luz reflejada en las espaldas emplumadas de los flamingos. Encontramos una superficie de arena que entraba a la ría como si fuera una peninsula y nos sentamos sobre nuestras chamarras. Clém me hablaba de su familia en Francia mientras el sol se levantaba frente a nosotras, como si estuviera cortado de un pedazo de cartulina rosa y pegado ahí. Cientos de flamingos comían y coqueteaban, mientras se movían entre los reflejos del sol.

Esa noche tomamos vino en medio del cielo abrumador de la nueva luna. Allie nos tomó fotos en larga exposición escribiendo la palabra “Amor” con nuestras linternas. No había más humanos en muchos kilómetros y  todo el mundo era nuestro.

Aunque no escribas un diario en tu vida cotidiana, quiero retarte a tener un diario de viajes. Los viajeros buscan disfrutar las experiencias con sus cinco sentidos. Escribe lo que tus sentidos te dicen, para volver a vivir las emociones, pensamientos y conversaciones de tu viaje años después. Llevo diez años escribiendo diarios y hoy esos cuadernos son mis posesiones más valiosas.

Haz tu diario como si fuera un libro de recortes, lleva contigo algunas herramientas (cinta adhesiva, pegamento, tijeras, clips, lápices y bolígrafos). Pega los talones de tus tickets, recibos, mapas, y fotos instantáneas para activar todas tus memorias en el futuro. Acuérdate que el diario no es solo para una persona. Construye tu diario con tu compañero de viaje, hagan turnos para registrar los momentos favoritos y hasta sus peleas.

En mi viaje anterior mi amiga Arielle me escribió una nota que dice “Deja que las palabras sean tus fotografías”. Si sientes la urgente necesidad de tomar una fotografía, rétate a escribir tres o cuatro frases que describan la escena: “La tierra se abre en una caverna y revela una piscina de agua fresca casi 15 metros abajo de la tierra. El brillo azul eléctrico del agua parece venir desde abajo de la superficie, y cuando entro, el frío me golpea tan fuerte que no puedo parar de reír. El cenote se siente tan profundo que solo puedo sentirme fascinada”.

Construye tus memorias usando adjetivos. La escritura descriptiva va a ayudarte a recortar que tan jugoso era el sabor de la Cochinita Pibil y la manera en que todo el mundo parecía vibrar bajo tus pies mientras mirabas al horizonte en la pirámide de Ek Balam. Escribe tus planes aunque luego los cambies y escribe tus dudas para que no olvides resolverlas.

Escribe una lista de tus citas favoritas y conversaciones. Mantén una lista del maya que has aprendido y conéctate con la gente lo más profundo posible. Guarda los nombres de las personas y lo que te han enseñado. La escritura te puede ayudar a interpretar nuevas experiencias en una cultura desconocida.

Mi amiga Allie dice “Viajar por Yucatán por primera vez fue una sobrecarga de emociones, tanto que tuve que escribir todo para entenderlo”. Su experiencia en Yucatán cambió su vida y llevar un diario de viaje la ayudó a entender y aceptar esos cambios, aprovechando al máximo su viaje.

Yucatán escribe una historia en cada viajero que lo visita. Playas, zonas arqueológicas, cenotes, pueblos tradicionales y restaurantes son puntos en el mapa a través de todo el estado, y cada viajero conecta los puntos en su propia manera. Consigue una libreta y empieza a escribir, así en unos años podrás recordar tu propia historia.

By Amanda Strickland

Fotos por Allie M. Jordan para uso de Yucatán Today