Estamos en diciembre y como forman parte de la celebraciones y el ambiente de la temporada, nos propusimos escribir un poco acerca de las piñatas. En esta época verás piñatas de todos los tamaños, formas y colores.

Se cuenta que las piñatas llegan a las Américas gracias al explorador Marco Polo, quien las vio en China, las llevó a Italia y de ahí, entraron a formar parte de las celebraciones de la iglesia católica. Lógicamente, la siguiente parada fue España. Y de ahí, se vinieron a México.

En 1586, monjes agustinos comenzaron con la tradición de elaborar piñatas utilizando recipientes de barro, decorados con pedacitos de papel de colores y rellenos de algo dulce. La práctica se fue extendiendo por todo el territorio mexicano y cada parte de la «partida de la piñata», significaba algo. La piñata en sí, representaba el pecado; todo lo malo, y sus coloridos pedazos de papel la tentación. La fe ciega se representaba por los ojos vendados; el palo para romperla significaba la fuerza de la virtud para combatir el mal y los dulces y frutas que salían al romper la piñata eran los premios por haber conquistado la tentación y el mal.

Como los mexicanos se divertían demasiado y el significado religioso fue disminuyendo poco a poco, la iglesia, siempre seria y en contra de cualquier cosa divertida, intentó prohibir el uso de las piñatas en los últimos años del siglo XVIII. Sin embargo, los mexicanos ignoraron la proclamación y se levantó la prohibición justo antes del comienzo del siglo XIX.

Hoy en día, las piñatas son comunes en fiestas de Navidad, Año Nuevo y para cumpleaños. Para Navidad, verás mayormente la piñata tradicional de siete picos (representando a los siete pecados capitales) ya que el significado religioso para estas fechas aún tiene mucho que ver. Para los cumpleaños, un personaje de la televisión o del cine es lo más popular. Y para Año Nuevo, la peculiar piñata que se usa es en forma de un viejito, que representa el año viejo. Este no se rellena de dulces ni mandarinas; este está hasta el tope con fuegos artificiales y cuando el reloj marca las 12, se le prende fuego y ¡adiós! al año viejo.

Aunque las piñatas de antes se llenaban de frutas, ahora, en la época de Costco y Oxxo, los niños no le encuentran ningún chiste si les cae una mandarina en la cabeza al romperse la piñata. Por lo tanto, el relleno preferido consta de dulces, chocolates y pequeños juguetes.

El romper las piñatas también ha evolucionado, especialmente en Yucatán. Se cuelgan las piñatas con la ayuda de una polea instalada en el plafón de la cochera (el garaje) y un tío bromista que le gusta ver a los niños golpeando al aire mientras sube y baja la piñata. En vez de un peligroso palo, los niños y las niñas se acercan y golpean a la piñata con sus pequeños puños. Ya cuando hayan pasado todos, el tío entra al quite, arrancando uno de las puntas o el brazo amarillo de Bob Esponja y vierte dulces encima de todos.

La Calle de las Piñatas (Calle 65 x 54 y 56 en Mérida) es donde uno tiene que ir para ver toda la variedad de piñatas y las dulces para llenarla, en un solo lugar y a precios económicos. Podrás comprar el modelo tradicional – tipo satélite – en hasta $1,800 pesos o algo más modesto por unos $400 pesos.

 

Sugerencia para comprar:

Carlitos
Calle 65 #475-C x 54 y 56 Centro, Mérida
Abierto hasta las 8 pm
Tel. (999) 923 8169

 

Editorial por Ralf Hollmann
Fotografía por Ralf Hollmann

 

 

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