Hace casi un año las estrellas se alinearon para mí. Después de haberme adentrado de manera un poco más profunda en la vida maya de Yucatán por cuestiones de trabajo, se me presentó una oportunidad de tomar clases de lengua Maya. Sin pensarlo mucho (o más bien nada) me inscribí. Al día siguiente comenzaba el curso y me enteré que el maestro que lo impartía es el mejor en eso (Dr. Fidencio Briceño Chel). ¡Yo no me lo podía creer! En efecto fueron varios meses de maravillarme continuamente por cuatro horas cada semana.

A pesar de que fue un curso introductorio, estudié algunos aspectos de la cosmogonía Maya que transformaron mi propia manera de entender el mundo.  De las primeras cosas que aprendí de la Maya, es que usan metonimias; una parte de algo puede representar al todo. Por ejemplo, ojo y cara (“yich”) o pierna y pie (“wook”) se nombran de la misma manera. El mundo para los Mayas es una jícara (en Maya “luuch”) partida a la mitad. Y probablemente muchos pensemos que se trata de opuestos, pero los Mayas piensan más bien en correspondencias, pares, complementos.

Así como las metonimias, existen otros ejemplos que ilustran esta manera de entender la realidad. Es muy probable que en Mérida hayas escuchado “lo busco, lo busco y no lo busco”. ¿Sabes por qué existe esta frase? Buscar y encontrar es lo mismo en la lengua Maya: “kaxtik”. Amar y lastimar, amor y dolor se dicen “yah”. Curar y envenenar, veneno y medicina se dicen “ts’aak”. Claro que el significado dependerá del contexto de la conversación; pero yo sentía una especie de adrenalina mientras buscaba maneras de que mi mente pueda dar la talla.

También aprendí a hacer preguntas. Una de las más indispensables a mi parecer es “¿Cómo estás?”. Lo curioso es que en maya se puede preguntar de varias maneras. La más casual y común es “Bix a beel” (“¿cómo es tu camino?”) y podría ser equivalente a “qué hay, qué onda” en español. Si realmente te interesa saber cómo está alguien, entonces le preguntas “bix a wanil” (¿cómo es tu existencia?). Y una tercera forma, que es además más directa es “bix yanikech” (¿cómo es tu estado -anímico-?). Para estas dos últimas formas de preguntar, debes estar consciente de que al usarlas significa que realmente quieres saber cómo se encuentra la otra persona, y que ésta puede entonces soltarse y contártelo todo.

Pero hay más… ¿Alguna vez te has preguntado cómo decir “estoy feliz” en Maya?. Gracias a mis clases te lo puedo responder y explicar: feliz se dice “Ki’imak óol”. Ki’i (sabroso, delicioso), Mak (persona), óol (alma, interior). Feliz es una persona con el alma sabrosa, alguien internamente delicioso. Puedes decirlo de esta manera: “Ki’imak in wóol” (soy feliz /mi interior es deleitoso).

Otro aspecto interesante que deja ver cómo los mayas entienden el mundo, es la manera en la que clasifican los sustantivos. En la clasificación nominal hay dos grupos: cosas comestibles (o no) y animales domesticables (o no). Esta clasificación tiene que ver con la posesión. Es decir, si un animal “es tuyo” es porque lo domesticaste; el animal es domesticable. Un ejemplo es el siguiente: En castellano solo podemos decir “mi gallina” de una sola manera, mientras que en Maya podemos decir “in wo’och kaax” (mi gallina comestible, alimento) o “in walak’ kaax” (mi gallina domesticada). No podemos decir solamente “in kaax” (mi gallina) porque estaríamos expresándonos de manera incompleta y fuera de la semántica cultural de la lengua maya. Si la gallina es tuya, solo puede ser bajo el término de animal doméstico, o comestible. Si no, la gallina no es tuya y es solo “gallina”. Así, los mayas se relacionan con el mundo y distinguen entre lo que es suyo y lo que no. Para profundizarlo un poco más, ellos no pueden decir “in walak’ kaan” (mi serpiente domesticada) porque las serpientes no son de las personas, son del monte. Tampoco pueden decir “in wo’och saka’” porque el saka’ es una bebida sagrada que se ofrenda en algunos rituales, y por lo tanto no es comestible para las personas en un día común y corriente.

Quizá para algunos pueda parecer algo poco importante, pero creo que concebir el mundo relacionando las ideas de esta manera lo cambia todo. Esta lengua me habla de una búsqueda por el equilibrio con la vida, con uno mismo y con la tierra. A mí me cambió para siempre y para bien. Y eso que apenas eché un vistazo, pues es una lengua tan amplia, tan rica y tan diferente a lo que conozco, que podría seguir aprendiendo de ella por mucho tiempo más.

Si te interesa aprender Maya, en Mérida se dan cursos en varios lugares. Puedes acudir al CEPHCIS, ubicado en la Calle 61 No. 470, o en el CIS en la Calle 52 No. 455, los dos en el Centro de Mérida. También puedes tomar cursos virtuales como el de la Academia de Lengua Maya de la UADY en www.mayas.uady.mx, o el programa virtual de Literatura y Lengua Maya de Sedeculta (mayores informes al tel. (999) 924 0841. Ka’a xi’itech utsil”.

 

Editorial y fotografías por Valentina Álvarez para uso en Yucatán Today

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